Cuatro temporadas, 33 programas, más de 20 países con lugares desconcertantes, de esos que te dejan sin aliento, e historias de superación personal que son "gloria bendita". La excusa de Maraton Man (Lunes, a las 21.00h, en #0 de Movistar+) son los peculiares viajes a la carrera de Raúl Gómez, runner y showman, quien por el camino explora diferentes culturas y entabla conversación con personas insólitas (y consigo mismo) como las que se encontró, por ejemplo, en esta nueva entrega durante la maratón de Jerusalén. Mucho más que running y viajes.

Raúl es un hombre al que le gustan los retos y en el diario 20minutos quisimos ponerle a prueba con una entrevista fuera de lo común: a golpe de zapatilla y sudando durante media hora en el gimnasio Gymage de Madrid.

Correr cansa. Correr y hablar más todavía, pero además usted lo hace con el brazo levantando y grabándose con una cámara en la mano.
Son muchos años de entrenamiento. Una maratón la hago en unas cuatro horas de las que una y media la dedico a contar mis sensaciones a una cámara. ¿Eso qué me ha regalado? En la primera temporada: una tendinitis en los hombros.

Intuyo que la gente que corre cerca de usted pensará que el running se le ha ido de las manos.
En lugares como España es habitual ver a personas que se graban mientras corren, pero te vas a Kenia, Tailandia, Palestina… y no dan crédito cuando de repente escuchan a un loco que no para de gritarle a una cámara mientras sube montañas. Para preparar Maraton Man intento quedar con alguien para entrenar, mientras yo no paro de hablar.

La otra persona, ¿lo soporta?
Solo hablo yo, pero necesito a alguien que me escuche. Intento disfrutar del mero hecho de correr.

Pero los tiempos son también importantes.
Ponerse retos  está bien e intentar hacerlo en un menor tiempo que tu anterior carrera. Ayuda a salir a entrenar porque uno siempre quiere ser mejor y más rápido.

No obstante, reconoce que no corre rápido: que tiene chasis de Ferrari pero con un motor de 600.
Soy súper lento. Físicamente, tengo pinta de correr mucho y lo hago, puedo aguantar muchos kilómetros, pero no soy rápido. Quizás me falta un entrenamiento más específico, pero tampoco quiero entrenar muy fuerte porque tengo que mantener un grado físico constante y no lesionarme.

Cuarta temporada de Maraton Man. ¿A dónde se ha ido?
Han sido más días para conocer más profundamente cada país, culturas, personas... Empecé en Tailandia, pero iré a Portugal, Rumanía y mostramos historias de cada lado del muro en Israel y Palestina, pero siempre a través de las miradas de los runners. Allí estuve con Saul Adani, un superviviente del holocausto y del ataque islámico en las Olimpiadas de Munich (82). Tiene 82 años y cada año corre los mismos kilómetros que los años que cumple. De mayor, quiero ser un abuelo que se ilusiona poniéndose un dorsal en el pecho y cruzando metas. Ese es mi objetivo vital.

En cada programa se enfrenta a maratones exigentes a través de los cuales los espectadores conocen lugares increíbles, pero además hay un componente humano. Historias como la de Daniel Fajardo, un niño que corre desde los 4 de años en silla de ruedas, hasta dormir con una familia nómada en el desierto.
Lo más importante que me traigo a casa es la posibilidad de conocer a gente extraordinaria. Siempre buscamos historias de personas que ven el vaso medio lleno, gente positiva, que, aunque la vida le haya repartido malas cartas, siempre tiran hacia delante con una sonrisa. Creo que ese es el leitmotiv del programa.

Y el suyo propio.
Sí, las sonrisas son gratis así que vamos a sonreír todo lo que podamos y siempre a golpe de zapatilla.

Cuando viajó a Costa Rica había corrido 21 km, iba a cruzar la línea de meta, pero cambia de parecer y va a buscar al último corredor. ¿De dónde saca toda esa energía?
Precisamente esta persona donaba la posición final para que el corredor más lento no se sintiese el último y le dejaba pasar por delante cuando quedaban unos metros. El programa me está regalando muchas experiencias como esta.

¿Cómo lleva Sandra, su mujer, que sea un nómada del running?
Maraton Man me obliga a estar muchos días fuera de casa, unos 15 días por destino y cerca de ocho meses en total, pero está encantada porque siempre que vuelvo le traigo un imán. Sandra está más enamorada que nunca y quiere correr una maratón conmigo. Estoy entrenándola para que, cuando yo físicamente no pueda seguir corriendo, me sustituya. Maraton woman, próximamente en #0 de Movistar+ (risas).

Las vacaciones también las plantea pensando en destinos en los que haya carreras.
Siempre organizo un viaje con amigos y mi mujer para correr una maratón. Intento contagiar a todos los que me rodean para que se sumen a este bendito deporte. Los voy engañando para compartir con ellos esta pasión.

Ya no le van a quedar zapatillas ni lugares por los que correr.
La colección de medallas va aumentando, pero el mundo es muy grande. No sé cuántas temporadas necesitaré para recorrer todo el mundo y correr en todas las carreras que me gustaría, pero voy pasito a pasito poniendo chinchetas en el mapa.

¿Cuantas zapatillas ha gastado?
Gasto mucha suela y tengo un problema: no tiro ninguna zapatilla porque soy muy de recuerdos. En mi casa tengo un armario que no es el que mejor huele porque está lleno de zapatillas gastadas.

¿Qué otras manías tiene?
Siempre corro con la pernera izquierda levantada. Comencé a hacerlo por en una maraton se me olvidó ponerme vaselina entre las piernas y en el kilómetro 30 empezó a rozarme, así que me levanté el pantalón. Desde entonces se ha convertido en una manía bien bonita. También llevo un calcetín de cada color.

Y las camisetas.
En el programa ayuda mucho porque así los cámaras me visualizan rápido entre todos los corredores. Soy la reina Isabel II del running: cuando ven un hombre con una camiseta de colores y pelo largo dicen 'ahí está Raúl' (risas).

De colores y con estampados: flamencos, cactus, corazones, smiles…
Mi armario es un sinsentido en el que todo vale.