Eduardo Vela
El doctor Eduardo Vela, durante su declaración como acusado en el primer juicio por el caso de los bebés robados. EUROPA PRESS

Con problemas para entender las preguntas, con dificultades para hablar y respondiendo "no lo recuerdo" en numerosas ocasiones. Así se ha desarrollado durante menos de una hora la declaración de Eduardo Vela en la Audiencia Provincial de Madrid, donde se le juzga por el robo de un bebé en 1969 en la clínica San Ramón de la capital y su posterior entrega a un matrimonio que no podía tener descendencia.

A preguntas de la fiscal, este ginecólogo ha negado incluso que la firma que aparece en el parte de nacimiento de la denunciante, Inés Madrigal, sea suya, algo que sí reconoció en la fase de instrucción. Entonces alegó que firmaba cosas sin mirarlas.

El médico ha declarado no recordar dónde se guardaban los registros de quienes daban a luz ni los de los recién nacidos, cuál era el protocolo cuando un niño moría en el parto o si se tramitaban adopciones en su centro. Tampoco ha recordado el careo que mantuvo en 2013 con Inés Pérez, madre adoptiva de la víctima de este caso, y quien le reconoció como la persona que le había dado a la pequeña. "Yo no le entregué ninguna niña a nadie", ha concluido a ese respecto con un hilo de voz.

En su turno como testigo, Madrigal ha relatado su historia y ha calificado de "bofetón emocional, palo terrible y demoledor emocionalmente hablando" el momento en el que supo que podía ser una bebé robada. "Quiero la indemnización pero no estamos aquí por dinero porque por dinero hubo esta compraventa de niños", ha señalado, abogando por que se haga justicia. En su caso concreto exculpa a su madre adoptiva, fallecida en 2016, de un supuesto pago porque "siempre dijo que Eduardo Vela le regaló una niña" y creyó que era hija de una mujer que había renunciado a ella por no poder mantenerla. Sospecha que del dinero pudo ocuparse su padre, pero murió antes de que pudiera hablar con él del tema.

La Audiencia acoge desde este martes el primer juicio por el robo de bebés que se celebra en España, pese a que el acusado ha intentado aplazar la vista de forma definitiva hasta el último momento. Durante las cuestiones previas, que se han debatido a puerta cerrada, el doctor ha insistido en que padece una enfermedad que le impedía declarar. 

Vela, que se mueve en silla de ruedas, alega una supuesta patología degenerativa, pero el examen forense que se le practicó lo descarta. En línea con esa conclusión, las juezas que componen el tribunal han decidido que el juicio debía celebrarse.

¿Prescripción de los delitos?

Antes de la declaración de su cliente, la defensa ha argumentado que, "en caso de haber existido", los delitos de los que se le acusa habrían prescrito, algo que han negado tanto la Fiscalía como la acusación particular. "Resolver esto como cuestión previa carecería de lógica porque no están de acuerdo todas las partes y daría lugar a posibles recursos. Lo resolveremos cuando tengamos que dictar la sentencia", ha determinado la presidenta del tribunal.

A sus 85 años, este doctor se enfrenta a entre once y trece años de cárcel por el robo hace 49 años de un recién nacido en el centro que dirigía

Esa bebé era Inés, quien en declaraciones a este diario aseguraba hace unas semanas que no necesitaba venganza. "Solo me gustaría saber la verdad", señalaba, aunque sin mucha esperanza en que Vela fuese a contar cómo fue el proceso por el cual fue arrancada de los brazos de su madre biológica.

Dos sesiones, doce testigos

El juicio se desarrollará en dos sesiones, seguidas por más de 150 periodistas de 45 medios de comunicación. En la primera, además de procesado y denunciante, han comparecido seis testigos: Adela Bermejo, la mujer de Vela, un antiguo socio y varias trabajadoras de la clínica. Todos ellos han asegurado no saber nada sobre los hechos que se juzgan y, bajo la premisa de que han pasado muchos años, también han presentado problemas para acordarse de ciertos datos, llegando a contradecirse respecto a la versión dada en la fase de instrucción.

Bermejo, al igual que ha hecho su marido, ha dicho que no recuerda ni siquiera la conversación que mantuvo con dos periodistas francesas a las que reconoció la entrega de la bebé y ante lo que él asintió. Esto quedó grabado con una cámara oculta y este miércoles ambas reporteras serán dos de los otros cinco testigos llamados a declarar.

Junto a ellos será el turno de dos peritos, tras lo cual el caso quedará visto para sentencia. El acusado podría hacer antes uso, si lo desea, del turno de última palabra.

La Fiscalía pide para el médico ocho años de prisión por detención ilegal de un menor y tres por un delito de suposición de parto en concurso con otro de falsedad documental. Reclama igualmente una indemnización de 350.000 euros. La acusación particular exige ocho años por detención ilegal, dos por suposición de parto y tres por falsedad en documento público. Le acusa además de adopción ilegal pero sin solicitud de pena privativa de libertad.