Bebés robados
Inés Madrigal, la primera víctima de la trama de bebés robados que ha conseguido que su caso sea juzgado.  FRAN MANZANERA

Inés Madrigal reconoce que le da "un poco de vergüenza" que el suyo vaya a ser el primer caso por el robo de un bebé que se juzgue en España. "Con todas las causas que se han archivado... Más de 2.000. Y con médicos más jóvenes. Sin llamar ni siquiera a la gente a declarar. Solo porque han prescrito", lamenta. De dicho juicio espera "una sentencia que sirva de apertura o dé paso a otros casos", en definitiva, que "siente jurisprudencia" en un asunto tan "terrible".

El doctor Eduardo Vela, de 85 años, será quien se siente en el banquillo en la Audiencia Provincial de Madrid el próximo 26 de junio. Está acusado del robo de Inés en 1969 en la clínica San Ramón y de su entrega a una pareja que no podía tener descendencia. La Fiscalía pide para él once años de presión; la acusación particular, trece.

"Yo no necesito que Vela entre en la cárcel. No necesito venganza. Solo me encantaría que me contase la verdad. Pero hasta ahora lo ha negado todo. Solo reconoció su firma en mi documentación, que está falsificada, pero alegando que a él le ponían muchas cosas delante para firmar", apunta la también presidenta de SOS Bebés Robados Murcia. Cree que tampoco logrará los 350.000 euros de indemnización que se piden y para argumentarlo cita un informe según el cual este ginecólogo puso todo su patrimonio a nombre de sus hijos y de su mujer hace años.

Ante esas perspectivas, cuando su madre adoptiva falleció en diciembre de 2016, Inés se planteó cerrar el proceso. "Es una carga pesada, que además me roba tiempo para dedicarle a los míos. Así que me pregunté: ¿para qué? Pero me cayó la losa de la responsabilidad encima y pensé qué pasaría entonces con la cantidad de mujeres que están deseando saber dónde están sus hijos y nadie las ayuda. Cómo las voy a dejar si se me parte el alma cada vez que atiendo a una", remarca.

Ella supo que era adoptada cuando cumplió los 18 años de boca de su madre, pero hasta 2010 no fue consciente de que podía haber sido arrancada de los brazos de su familia biológica. Fue tras leer un artículo sobre la historia de dos hombres que habían sido comprados a plazos a unas monjas cuando empezó a atar cabos. Cuando le contó a su madre lo que estaba descubriendo, esta mostró la misma incredulidad y desasosiego que ella. A su padre, fallecido en 1989, no tuvo la oportunidad de preguntarle nada.

"Yo a los padres adoptivos los exculpo porque me extraña mucho que una madre adoptiva sepa que le están quitando el hijo a otra para dárselo a ella y no le importe. Muy mala persona tendría que ser", señala Inés, para quien tener que denunciar a quien la había criado fue un duro palo. "No había otra forma. Le dije que para saber más tenía que denunciar lo que pasó y que ella sería acusada. Se lo tomó bien. Siempre se volcó conmigo".

"El Gobierno se comprometió a medidas que no ha cumplido"

Ese apoyo no lo ha tenido de las Administraciones. "Todo el mundo quiere hacerse la foto contigo pero nadie toma las riendas del asunto. Es la pasividad de todo el aparato del Estado. Te llaman, se reúnen contigo y todo lo que prometen se queda en nada", se queja quien fuera la primera víctima de esta trama en comparecer en el Congreso de los Diputados. Lo hizo a petición de Unidos Podemos y en concreto José David Carracedo. "El Gobierno se comprometió a una serie de medidas que no ha cumplido", coincide en destacar este diputado. "Exigimos un banco de ADN gratuito y accesible, un área policial con recursos encargada de este tema y alguien dentro de la Fiscalía que centralice las causas", enumera.

"Solo se quedan en la superficie, para callar bocas, pero no se quieren meter en profundidad en el tema", reprocha Inés, a quien le cuesta autodenominarse bebé robado: "Siempre pensé que me abandonaron. Me cuesta trabajo hacerme a la idea de que me robaron porque de ser así sería horrible". Desde su punto de vista se trata de un delito de lesa humanidad: "El que sistemáticamente durante sesenta años se hayan estado robando niños en este país no pasa por una detención ilegal, un secuestro o una falsedad documental. Estuvieron privando a la gente de conocer sus orígenes, de un derecho fundamental como saber de dónde vienes y quién eres".

Ocho años después de descubrir que pudo ser robada de los brazos de su madre al nacer, Inés está a punto de dar con su familia biológica. A falta de confirmar las pruebas de ADN, sus padres habrían fallecido pero tendría cinco hermanos que residen en la localidad sevillana de Coria del Río.  "La relación es tan natural ya... Es increíble. Todo fluye desde el primer momento. Es fantástico", relata con apreciable ilusión.