Inés Madrigal
Inés Madrigal, que nació en 1969 y fue sustraída de su madre biológica, a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid. JORGE PARÍS

Al grito de "valiente" y entre aplausos ha sido recibida Inés Madrigal a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid. Un centenar de víctimas del robo de bebés ha acudido a arroparla en el primer juicio por estas circunstancias que se celebra en España. "Este ya no es mi caso, esto ha trascendido. Todo el mundo sabe ya que en este país se robaron niños", ha dicho ella en declaraciones a los medios antes de entrar en la sede judicial.

Madrigal llegaba en torno a las 9.40 horas y era recibida por afectados llegados de Bizkaia, Huesca, Cádiz o Alicante, desplazados hasta Madrid con el doble objetivo de exigir justicia.

"Que todo el mundo sepa lo que nos pasó", afirmaba Teresa. "Nos sentimos desamparados por el Estado", denunciaba Mari Feli. "Mi caso fue archivado porque dijeron que había prescrito. Estoy a la espera de las pruebas de ADN a ver si consigo reabrirlo", relataba Margarita.

Entre las personas que acompañaban a la denunciante estaba David Carracedo, diputado de Podemos y uno de los representantes políticos más involucrados en este asunto. Su partido exige cambios normativos para la protección de las víctimas antes de que acabe la legislatura y propondrá la creación de una comisíon de investigación en el Congreso.

En coche directo al garaje

Poco después de llegar ellos lo hacía, en un coche directo al garaje, el acusado en esta causa, el doctor Eduardo Vela, de 85 años y que se enfrenta a una petición de entre 11 y 13 años de cárcel. Está acusado de la sustracción de Madrigal a su madre biológica y la posterior entrega a un matrimonio que no podía tener hijos. Los hechos ocurrieron en 1969 en la clínica San Ramón de Madrid, dirigida por el propio Vela.

El ginecólogo ha abandonado la Audiencia de la misma forma, montado en el vehículo, que ha salido de los bajos del edificio. Los asistentes han proferido insultos contra él, han reclamado que los delitos que se juzgan sea declarados de lesa humanidad y algunos no han podido evitar las lágrimas.