Josep Borrell en un acto
Josep Borrell en un acto EUROPA PRESS

Antes que Pedro Sánchez, el PSOE ya tuvo un dirigente que ganó en primarias el derecho a ser el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. Fue Josep Borrell (Pobla de Segur, Lérida, 1941). Considerado siempre un outsider del PSOE oficial, en 1998 emprendió una lucha para hacerse con el control del partido, lo que le llevó a presentarse en las primarias a La Moncloa contra Joaquín Almunia, entonces secretario general del partido. Borrell ganó esas primarias, pero entonces le sirvió de poco. La acusación de corrupción contra unos colaboradores suyos lo tumbó meses después y tuvo que renunciar.

Otro político ya se habría retirado de la vida pública, pero -igual que Pedro Sánchez- Borrell ha demostrado que tiene muchas vidas, y se supo reinventar, hasta llegar al Borrell actual: un político que ha sabido liderar la corriente más constitucionalista entre los catalanes del PSOE y que le llevó a ser el portavoz, junto al Nobel Vargas Llosa, de la gran manifestación a favor de la unidad de España y de la convivencia que vivió Barcelona el pasado octubre.  

El próximo titular de Exteriores entró en política en 1982, con el primer gobierno de Felipe González. Ya no salió del Ejecutivo central hasta que el PSOE perdió las elecciones de 1996. En su primer periodo fue secretario de Estado de Presupuestos (1982-1984) y secretario de Estado de Hacienda (1984-1991).En ese año, dio el salto a ministro. Y lo hizo por dos veces. Primero fue ministro de Obras Públicas y Transportes (entre 1991 y 1993) y luego añadió a su ministerio el área de Medio Ambiente (1993-1996), lo que lo convirtió en el político más poderoso del momento, ya que de él dependía la práctica totalidad del presupuesto inversor del Gobierno.

La salida de Felipe González de la Moncloa le llevó en 1996 a quedarse exclusivamente como diputado por Barcelona en el Congreso. Ahí estuvo hasta 2004. En ese periodo es cuando empezó a distanciarse cada vez más claramente de todo el legado de Felipe González, intentando implementar en España la tercera vía que lideró Tony Blair en Inglaterra. Puso mucho empeño (libro incluido), pero fracasó.

Entre 1996 y las elecciones de 2000, Borrell se convirtió en uno de los cargos políticos del PSOE más crítico con su dirección, entonces encabezada por Joaquín Almunia y custodiada por Felipe González. Con evidente éxito en las bases, Borrell llegó a ganar las primarias para ser el candidato del PSOE a las elecciones generales del año 2000 con el 55% de los apoyos. La bicefalia no funcionó y se vio obligado a apearse de la batalla cuando apenas quedaba un año para las elecciones, tras las acusaciones de fraude fiscal a antiguos colaboradores. Años después, fueron absueltos.

Tras el abrupto abandono del liderazgo del PSOE, Borrell se reinventó como experto en política europea. Fue uno de los coautores de la fallida Constitución Europea y, entre 2004 y 2009, formó parte del Parlamento Europeo, institución que llegó a presidir entre 2004 y 2007.

En 2009 dejó la vida política, pero no del todo. Así, Bruselas lo situó como presidente del Instituto Universitario Europeo, con sede en Florencia. Borrell compatibilizó esa función académica con un puesto en el consejo de administración de la empresa Abengoa. Al final, optó por dejar la presidencia del centro de estudios.

En los últimos años, Borrell ha vuelto a reaparecer en la escena pública española, siempre con dos claves. El discurso económico, incidiendo en que la salida de la crisis tenía que ser para todos, y el constitucionalista, haciendo una oposición frontal a los intentos independentistas catalanes. Su rotundidad -es el político catalán que más claramente ha defendido la necesidad de que Cataluña siga unida a España- hizo que Sociedad Civil Catalana lo eligiese para subirse al estrado en la manifestación multitudinaria tras la aprobación de las leyes de desconexión por el Parlament. "Yo también soy pueblo de Cataluña, no reconozco el derecho de Puigdemont a hablar en mi nombre", dijo entre aplausos del millón de asistentes.

Con su nombramiento, Borrell ya no ejercerá de político retirado que pone voz en una manifestación a los disconformes catalanes, sino que asume la responsabilidad como ministro de liderar la respuesta internacional que da España al desafío internacionalista. Un broche a una trayectoria política en la que siempre ha destacado por asumir desafíos complicados y salir indemne de los escenarios más complicados.