Soledad, Bernado y Toñi, tres pensionistas.
Soledad, Bernado y Toñi, tres pensionistas frente al Congreso de los Diputados. Jorge París

Las pensiones han subido el mínimo que fija la ley, un 0,25 %, y el IPC sigue escalando puestos mientras hace que la capacidad de consumo siga descendiendo. Esto, junto con la carta que remitió el Ministerio de Empleo, para informar sobre la revalorización de las pagas ha terminado por encender la mecha de los pensionistas.

Este es el quinto año consecutivo que los jubilados tienen que ver como su pensión no sube lo suficiente como para adecuar su retribución al coste de la vida. Justo después de recibir la noticia del 0,25%, se ha confirmado que en febrero el índice de precios de consumo (IPC) se ha situado en el 1,1%, cinco décimas por encima del mes anterior.

Además en este mismo mes el Instituto de la Seguridad Social y Empleo publicaba los datos oficiales del 2017. De estos puede extraerse que durante el 2017 el 44% de los pensionistas no percibían más de mil euros y el 14% no llegaba a los quinientos. Esto se traduce en que la pensión de más de la mitad de los jubilados españoles no alcanzó los mil euros.

Estos son los datos que explican el enfado del colectivo afectado. Desde mediados del mes de febrero llevan sucediéndose manifestaciones de pensionistas por muchas ciudades de España. Bilbao, Sevilla, Barcelona, Valencia o Madrid,  todas ellas han visto cómo sus mayores se echaban a la calle para reclamar unas pensiones justas.

Justo de Madrid son Soledad, Toñi  y Bernardo, tres jubilados con edades muy dispares a los que la subida del precio de la vida afecta por igual. Todos ellos estuvieron en la manifestación que tuvo lugar el 22 de febrero en la capital y estarán en la que se ha convocado este sábado. Soledad asegura que en la concentración del veintidós se dejaron a un lado las ideologías a las que cada uno pertenecía y primó el querer “sacar adelante las pensiones públicas”. Además afirma que está segura de que estas protestas puede llegar a influir en los resultados electorales.

Bernardo tiene más esperanzas y cree que las movilizaciones pueden cambiar las cosas: “No sé si vamos a conseguir un reconocimiento por ley, pero estoy seguro de que conseguiremos que no se abandone el concepto de pensión pública”. El ex ingeniero considera también que lo que está sucediendo en España es justo lo que se hizo ya en Reino Unido.

Allí después de una grave crisis en el sector de las pensiones se propusieron tres líneas de actuación: subir los impuestos, ampliar la edad de jubilación o potenciar los planes de ahorro privado. Su solución fue ampliar la edad de jubilación de tal forma que los que en 2013 tenían 18 años tengan que trabajar más de cincuenta para poder percibir una pensión.

Toñi, en cambio, se muestra más reticente.. “Yo soy algo más negativa con respecto a este tema, si la gente joven no se implica no se va a hacer nada”. Sin embargo, para ella es “muy difícil hacerles ver a los jóvenes un futuro tan negro”. Pues “ahora mismo la juventud está viviendo mucho mejor de lo que vivimos nosotros y además tienen trabajos tan sumamente precarios que no están nada más que pensando en coger el de hoy, el de mañana o en el de la semana que viene”.

En lo que sí coinciden con respecto al tema de la juventud es que la información tiene que ser la pieza angular ante cualquier acontecimiento. De hecho si tuvieran que darles un consejo los tres aseguran que lo primero que tendría que hacer la gente joven es informarse y manejar bien los datos. Pero sobre todo, remarca Soledad, lo que le gustaría decirles es que “no pasen” que lo que ellos abandonan “está repercutiendo ahora en mucha gente, y a la larga acabará repercutiendo también en ellos”.

Asimismo, Bernardo explica que los jóvenes tienen que ser conscientes de que tienen derecho a tener un futuro y que si no luchan por ello lo acabarán perdiendo. “Yo conozco a chicos que son el prototipo de un fracaso laboral absoluto. Son chicos con talento, con carrera,  y que valen mucho, pero no tienen derecho a vivir por sí mismos porque no ganan más de 200€”, confesaba el ex ingeniero.

“La juventud lo va a tener muy difícil y tampoco lo tiene muy fácil ahora mismo”, añade Toñi que cuenta como su yerno de nacionalidad alemana siempre se ha sorprendido al ver que la gente joven no se iba de casa. “Él a los 17 años ya se fue de su casa, y en cambio en España nunca ha habido esa cultura. Cuando se podía no la había y ahora que ya no pueden pues todavía menos. Ya no es que no quieran irse es que no pueden”.

Esto no lo dice solo Toñi, lo confirmó en enero, Víctor Reloba, el vicepresidente del Consejo de la Juventud. Según el último boletín del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España, 8 de cada diez jóvenes sigue viviendo en casa de sus padres y un 37,6% está en riesgo de pobreza o exclusión social. Esto, según explica el informe, se debe a que el sueldo medio de los jóvenes no supera los mil euros y el precio de los alquileres ha experimentado la mayor subida en once años.

Sin embargo, no es solo la gente joven la que tiene dificultades o ve limitadas sus capacidades de consumo. La cesta media de la compra ha incrementado su valor debido a la subida de los precios. Alimentos como los huevos, las frutas, el pescado, las legumbres y las hortalizas. Todos ellos son más caros ahora que el año pasado y los pensionistas lo han notado.

Cuando se les pregunta en qué han notado más la pérdida de poder adquisitivo no se lo piensan dos veces: “Yo lo he notado mucho en la compra diaria; la fruta, la verdura, el pescado…” afirma Bernardo, mientras que al mismo tiempo Soledad reconoce que le “resulta vergonzoso lo que se paga de impuestos por una fruta o una verdura”.

A todo esto, hay que añadir los medicamentos que desde 2012 no cubre la Seguridad Social y  también el impacto que supone para los pensionistas el copago farmacéutico. Según la Asociación Acceso Justo al Medicamento la subida del 0,25 de la pensiones no compensa los 120 euros que al año tienen que asumir por copago de medicamentos.

Además el precio de los fármacos que ya no cubre la Seguridad social se ha duplicado. Analgésicos como el  ‘Voltarem’ han pasado de 4,34€ a 8,45€; el antidiarreico ‘Fortasec’ está ahora en 5,98, cuando antes costaba 1,89; y el jarabe para la tos ‘Mucosan’ ha llegado hasta cuadruplicar su precio pasando de los dos, a casi, nueve euros. Todo esto “ha afectado a casi todas las personas mayores. Además  casi todos estamos operados de cataratas y todas las gotas que te tienes que comprar ya no te las cubren” explica Toñi.

 Ante la precariedad laboral de muchos trabajadores las pensiones de los mayores acaban siendo una fuente más de sustento para las familias españolas. Tal y como determina un estudio de la ONG Educo, el 80% de las personas mayores en España ayudan económicamente a sus hijos y nietos. De hecho, el informe asegura que los pensionistas que forman parte de este ochenta por ciento destinan una media de 290 euros al mes a ayudar a sus familias y uno de cada tres aporta una cantidad de forma regular.

Para Bernardo, este es un discurso que no ayuda: “Yo tengo que apuntar una cosa en este tema. Se están cargando mucho las tintas. Y parece que de cara a los medios cuanta más pena se dé, mejor. Pero, no tiene nada que ver que yo tenga derecho a una pensión digna con que yo ayude o no ayude, o necesite o no necesite. Yo tengo mi derecho per sé.”

A su vez, Soledad afirma que en su comunidad todos los vecinos han estado ayudando a una familia durante seis años ya que el padre y la madre se quedaron en el paro con dos hijas de catorce y diecinueve años.  “Pero es lo que dice Bernardo, no tiene que ser una comunidad la que les ayude, tiene que ser el Estado, porque es un derecho”, concluye Toñi.