WASP
Blackie Lawless, en el centro, busca la comunión con el publico de La Riviera. (PEDRO RUBIO). PEDRO RUBIO

Se acerca el final de año, y 2007 sigue haciendo méritos para pasar a la historia como uno de los años de más efervescencia rockera en nuestros escenarios.

En particular, parece que la escena hard-rockera y heavy metal está en pleno auge, y si hace escasas fechas pudimos disfrutar de atronadores conciertos de Tesla, Crank County Daredevils y Y&T, ayer le tocó el turno a la banda angelina W.A.S.P., que, también por cortesía de Rockservatorio FM, aterrizó en España para homenajear su aclamado The Crimson Idol.

 

The Crimson Idol es un disco mucho más complejo, elaborado y turbio que los primeros discos de la banda
Este álbum, mucho más complejo, elaborado y turbio que los primeros discos de la banda, se trata de una obra conceptual que aborda la amarga historia de un joven músico. Publicado en 1992 en plena era grunge, el álbum marcó a su líder, Blackie Lawless, del que dijo que era lo mejor que había creado en su vida.

 

Prueba de este amor fue el homenaje que los creadores de Mean Man, con motivo del 15º aniversario de su lanzamiento, rindieron al disco en la sala La Riviera.

Y teniendo en cuenta los desalentadores precedentes de W.A.S.P. en directo en los últimos tiempos, el resultado no fue sólo sumamente satisfactorio, sino que fue brillantísimo. Lawless y su competente banda firmaron, ante la mirada atónita y conmovida de la audiencia, una exhibición de rock and roll a la altura perfectamente de las citadas.

Aura intacta

De principio a fin, de la introducción The Titanic Overture hasta el grandilocuente y trágico desenlace de The Great Misconceptions Of Me, WASP se las arreglaron para mantener al público en vilo con la proyección de una película en blanco y negro que relata las descarnadas peripecias del protagonista mientras ellos, sobria pero rotundamente, ejecutaron todos los temas.

Lawless quizá no sea la bestia escénica de los 80’s, pero mantiene intacta su aura de adorable lunático. Alguien que no entienda una palabra de hard-rock quizá le compare con una drag-queen vallecana por su melena cardada, sus mallas y sus esperpénticas botas, pero uno solo de sus aullidos causaría pavor a todos los cantantes modernos con look de jugadores de béisbol y gorritas de marca.

Y su voz, sorprendentemente incisiva. Lo mostró en el repaso a The Crimson Idol y lo ratificó con la segunda mitad del directo, integrada por un breve repaso a sus clásicos, y donde sobresalieron las volcánicas ejecuciones de L.O.V.E. Machine y I Wanna Be Somebody.

Tras despedirse profundamente complacido del público, la mirada de Lawless le delató.

Como diría Robert Duvall en Apocalypse Now, le olía a victoria.