Acusado en el juicio por asesinar a su mujer con una mancuerna
El acusado en el juicio por asesinar a su mujer con una mancuerna. EUROPA PRESS

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Asturias en una sentencia de la que ha sido ponente su presidenta, Covadonga Vázquez Llorens, y de acuerdo con el veredicto de un Jurado popular, ha condenado a 22 años y 6 meses de prisión a un hombre como autor de un delito de asesinato, concurriendo las agravantes de desprecio de género y parentesco y la atenuante de confesión.

La sentencia es la primera en la que se aplica el nuevo agravante de desprecio de género que entró en vigor el pasado mes de julio en la última reforma del Código Penal.

El Jurado había declarado probado que el hombre, el 5 de noviembre de 2015 asesinó a su pareja asestándole varios golpes en la cabeza y por la espalda con una mancuerna, cuando ella estaba desprevenida en el piso de alquiler que compartían en el centro de Oviedo. Cuatro días más tarde se entregó en Gijón y confesó su crimen.

De acuerdo a estos hechos, el tribunal popular lo declaró culpable por unanimidad, aplicándole el atenuante de confesión y los agravantes de parentesco y desprecio de género, que habían pedido las acusaciones.

La Fiscalía, las acusaciones, el abogado del Estado y la defensa solicitaron entonces 22 años y seis meses de prisión para el hombre y además, la fiscal y la acusación particular reclamaron 200.000 euros de indemnización al hijo de la fallecida, peticiones ambas que han sido ahora confirmadas en la sentencia, que no es firme y contra la que puede interponerse recurso de apelación ante la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Asturias.

Las acusaciones pidieron la nueva agravante "por desprecio de género" por entender que el asesinato de esta mujer fue el último paso de una cadena de actos de dominio y superioridad del condenado hacia su víctima, tal y como propugna el Código Penal. La acusación ejercida por Abogadas por la Igualdad defendió en el juicio que "había una situación de dominación sobre la víctima que dependía del agresor, que la fue aislando de todos su entorno incluso de su hijo para poder vivir a su costa".

Con esta figura se aseguraban que las penas por el crimen fueran más altas y contrarrestar el polémico atenuante de confesión de crimen, que todavía está vigente en la violencia machista.