'Quiero ser monja'
Juleysi, Paloma, Janet, Jaqui y Fernanda, las concursantes del reality de Cuatro 'Quiero ser monja'. CUATRO

Sin móvil, lejos de sus amigos y entorno familiar, las cinco aspirantes de Quiero ser monja, que estrena Cuatro este domingo a las 21.30 horas, verán que la convivencia en un convento "es como entrar en Marte", según explica el director del reality, José Rueda.

El programa intenta contar por qué alguien decide meterse en un convento con 20 años y dedicar su vida a la religión, explica Rueda. La primera entrega presenta a las cinco jóvenes, que convivirán durante seis semanas con monjas de distintos conventos para comprobar, "ya en contacto con los hábitos", si realmente "sienten la llamada".

Las cinco participantes (Juleysi, Paloma, Janet, Jaqui y Fernanda) "revolucionaron" cada comunidad a la que llegaron, pertenecientes a las congregaciones de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, en Granada y Madrid; las Hijas de Santa María de Leuca, una casa-cuna de El Escorial, y el Convento de clausura de las Monjas Justinianas Canónigas Regulares, en Alicante.

A través de ellas conocerán la realidad de la vida misionera en el Amazonas, en una casa-cuna dedicada al cuidado de niños desfavorecidos y en un convento de clausura de quinientos años. "La convivencia en los conventos no es fácil", revela Rueda, que con este programa dice que "se desmonta" la idea de que las monjas viven solo para la contemplación, ya que "trabajan mucho" y con el roce surgen algunos conflictos.

El programa "desmonta" la idea de que las monjas viven solo para la contemplación, ya que "trabajan mucho"

Una de las monjas les decía que iba vivir "30 años con sus compañeras" y que si se "peleaba" con una no se podía ir a su casa, relata el director, para quien trabajar en esos espacios ha sido "como entrar en Marte".

Tras realizar una selección en las órdenes religiosas interesadas en participar en el programa, Rueda admite que luego no fue sencillo grabar en los conventos porque "había que adaptarse" para conseguir el respeto mutuo a sus rutinas.

El director destaca el punto cómico de las "ideas de bombero" que tenían las participantes, y lo llamativo que fue ver a las chicas jugar al voleibol con las monjas "con su hábito puesto", momentos divertidos que se compensan con las preguntas "maduras y reflexivas" de las jóvenes aspirantes.

Las cinco chicas "tienen una evolución muy marcada" al vivir situaciones de recogimiento, oración y ayuda a los desfavorecidos que "no se dan en la vida cotidiana", asegura Rueda.

Sobre las participantes, el director destaca de Juleysi su "naturalidad" y sus "preguntas descabelladas", además de ser la única con novio; Fernanda es "la más perfeccionista"; Paloma es "inteligente y divertida"; mientras que las hermanas Jaqui y Janet, de Barcelona, son las más "liberales" por su educación.

Quiero ser monja se basa en el modelo del programa norteamericano The Sisterhood, que por primera vez se exporta fuera de Estados Unidos para mostrar "la profesión y vida de las monjas".