Juicio por el crimen de Carrasco
Las tres acusadas, Montserrat González (2d), autora confesa, su hija Triana Martínez (2i), y la policía local, Raquel Gago (d), durante la última sesión de la vista del juicio. EFE/J.Casares

El juicio por el crimen de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, llega a su fin.

La política del Partido Popular fue tiroteada en 2014 en plena calle cuando cruzaba una pasarela sobre el río Bernesga. Murió en el acto. Tres personas fueron acusadas de su asesinato: la autora confesa Montserrat González (57), su hija Triana Martínez (37) y la agente de policía local Raquel Gago (42).

Tras un mes de sesiones en la Audiencia Provincial de León, el fiscal pide 22 años para la primera (19 por asesinato + 3 por tenencia ilícita de armas); entre 15 y 22 para la segunda (da la posibilidad de 12 por cómplice más 3); y entre seis y 22 para la tercera (da la posibilidad de 12 o de 3 por encubrimiento más 3). Las acusaciones se han adherido.

Estas son las dudas que quedan en el aire:

¿Una o tres culpables?

Montserrat confesó haber matado a Isabel Carrasco y, según el fiscal, ha asumido desde el principio toda la responsabilidad para exculpar a las otras dos acusadas. El Ministerio público sí cree que las tres son "responsables" y que participaron en el asesinato. Triana, dijo, supo de los planes de su madre, pero pensó que los había abandonado porque le pidió expresamente "que no lo hiciera". Y exculpó del todo a Raquel. Montserrat ha dejado claro ante el juez que no se arrepiente y lo que lo hizo por su hija.

El bolso y el garaje

La versión que sostienen Montserrat y su hija es que la primera tiró el bolso con el arma en un garaje después de cometer el crimen. Triana explicó que estaba cerca, vio lo que hizo su madre y cogió el bolso porque se temió lo peor: creía que si había un arma dentro podría ser de su padre, que es policía. El fiscal cree que ambas estaban de acuerdo y habían quedado en un pasadizo. Después, Triana dejó el bolso en el coche de Gago, con quien se encontró también por casualidad, según su testimonio.

El policía jubilado

El principal testigo del asesinato, un policía jubilado, declaró en el juicio que siguió a pie a Montserrat tras los disparos y que nunca tiró el bolso en un garaje. Su testimonio fue puesto en duda al escucharse una grabación de ese momento en la que admitía que había perdido de vista a Montserrat durante unos minutos, cuando ante el tribunal había dicho lo contrario.

El papel de Triana

El fiscal señala que Triana "hizo búsquedas en sus ordenadores" de cómo y dónde comprar armas, algo que la propia acusada admitió. Se le achacan, asimismo, seguimientos previos a la víctima; ella los niega. Un policía nacional que participó en la investigación contó que en el registro de su casa  se halló munición e información periodística sobre la víctima. También se encontraron una pistola y marihuana. Las acusaciones consideran a la joven "el cerebro" del crimen.

El papel de Raquel

La agente de policía aseguró que no se enteró de que Triana le metió el coche el bolso con el arma. Dio el aviso de que la tenía unas 30 horas después; llamó a un compañero policía para contárselo. La noche del crimen cenó con unas amigas, a las que no contó que ese día había visto a las otras dos acusadas: a Triana justo después del asesinato. Tampoco le contó nada a su hermana; dice que no supo reaccionar. Y, a pesar de los testimonios de algunos de sus compañeros, su jefe, el jefe de la Policía Local de León, Martín Muñoz, rechazó que se bloqueara en situaciones de estrés. Una de las amigas montó en el coche de Raquel, pero confirmó que no vio el bolso en el asiento trasero.

Los informes forenses

Dos forenses solicitadas por el tribunal determinaron que Montserrat no sufre ningún trastorno y que es consciente de sus actos; de Triana aseguraron que tiene "un elevado concepto de sí misma", que es "muy inteligente" y "con tendencia a la manipulación". El psiquiatra presentado por la defensa de Montserrat y Triana, por su parte, declaró que la primera padece un trastorno de ideas delirantes persistente, "un tipo de paranoia"; Triana, dijo, tiene una dependencia "no normal" de su madre. Otro informe dice que Montserrat quería, ya con el primer disparo que efectuó, "hacer el máximo daño posible" a Carrasco.

El arma del crimen

Montserrat declaró que fue ella quien había adquirido el revólver en el mercado negro, en Gijón, y que la persona a la que se la compró le enseñó a disparar. Tenía el número de serie borrado y empuñadura de neopreno, para no dejar huellas. Por otro lado, un agente de policía contó en el juicio que el calzado que llevaba Triana aquel día, unas botas de media caña, tenía residuos de disparos, lo que apuntaba a un "ensayo" previo del crimen. En casa de la joven se hallaron unos guantes de látex con las mismas partículas.

El supuesto acoso sexual

Triana mantiene que rechazó las proposiciones sexuales de Carrasco y que por ese motivo esta comenzó a hacerle la vida imposible. Miembros de la Diputación de León han declarado desconocer este extremo, que Triana le habría contado a su madre y a un psiquiatra, pero no a su padre. Jesús López Brea, última pareja de Carrasco, ha dicho que Isabel "jamás" le había manifestado "una cosa semejante" y que tampoco conocía que se pudiera sentir atraída por personas de su mismo sexo.

La plaza en la Diputación

Una plaza supuestamente prometida a Triana en la Diputación fue uno de los asuntos de disputa entre esta y Carrasco. Según la acusada, la víctima hizo que fuera adjudicada a otra persona tras el incidente sexual. Funcionarios de la Diputación han desmentido que la plaza estuviera amañada.

Los teléfonos móviles

Los peritos de la Unidad Central de Inteligencia, perteneciente al Ministerio del Interior, sostienen en un informe elaborado con datos de los teléfonos móviles que los días previos al crimen existieron "numerosas coincidencias" entre las posiciones de la víctima y de las tres acusadas. El informe, no obstante, dice que no se sabe si estas coincidencias son casuales o no. Raquel, entre otros, ha cuestionado el documento.

Los policías de Burgos

El papel de los agentes de refuerzo llegados de Burgos tras el crimen ha sido motivo de polémica. El marido de Montserrat y padre de Triana, Pablo Antonio Martínez, declaró que fueron "engañadas" por ellos para lograr una confesión. Montserrat explicó que le dijeron que, si hablaba, su hija quedaría libre. Los policías, por su parte, lo niegan todo y aseguran que Montserrat les dijo que confesaría para exculpar a su hija. Así, explicaron, en un primer momento admitió que le había entregado el arma a Triana para que se deshiciera de ella y que sabía que una "tercera persona" se había quedado con el revólver. El tribunal ha autorizado durante el juicio la inspección de la oficina en la que Montserrat y Triana fueron interrogadas. Para despejar dudas.

La anécdota del juicio

El abogado de Raquel, Fermín Guerrero, se ausentó de una de las sesiones del juicio por motivos aún densconocidos. Estuvo desaparecido durante varias horas y la Policía inició un dispositivo de búsqueda nacional. El letrado le contó al juez que fue una cuestión personal.

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