Adolf Ziegler (1892-1959), Die Vier Elemente, vor 1937
'Los cuatro elementos', el tríptico de Ziegler que compró Hitler para colocarlo tras su escritorio Sammlung Moderne Kunst in der Pinakothek der Moderne | 1953 übertragen aus Staatsbesitz (ehemals NS-Besitz) - Foto: Sibylle Forster © Bayerische Staatsgemäldesammlungen

Algunas historias alternativas han jugado con la hipótesis de que el mundo se hubiera salvado de los criminales efectos de la locura de Adolf Hitler de haber sabido el nazi pintar un poco mejor. Su carrera como acuarelista —aquí pueden verse algunas de las cientos de obras que pintó— no alcanzó mérito alguno además del dudoso de servir como elemento decorativo.

Pese a todo, el Füher se consideraba un verdadero artista y en 1939 declaró en una entrevista que "una vez resuelto el tema de Polonia me retiraré y me dedicaré a seguir pintando". Un año antes, paradójicamente y acaso en un arrebato de clarividencia, había prohibido que se reprodujeran sus acuarelas, que los nazis veneraban con la misma ceguera con que seguían políticamente a un psicópata.

Adalid estético

Aunque la humanidad, para la desgracia de millones de seres humanos, se salvó del artista Hitler, el líder alemán siguió dictando cátedra como adalid de la estética. En un discurso en 1935, el canciller alemán, uno de los asesinos de masas más crueles de la historia, explicó, con la simpleza de los adjetivos gruesos que empleaba en las soflamas públicas, la dicotomía del buen o mal arte.

Presentar idiotas deformes como representantes de fuerza viril Sólo hay dos tipos de artistas, dijo: los "racialmente inferiores o degenerados", que producen "obras degeneradas", y los puros, de los que podemos esperar "obras puras". El "arte degenerado" es aquel, precisó, que invita "a revolcarse en la inmundicia por causa de la inmundicia, para pintar el ser humano sólo en un estado de putrefacción, para dibujar cretinas como símbolos de la maternidad o presentar idiotas deformes como representantes de fuerza viril".

Lo mejor del siglo XX, 'degenerado'

A estas alturas, cuando se cumple el 70º aniversario de un doble final: el de la vida de Hitler y el del final de la II Guerra Mundial, sabemos quiénes eran para el líder nazi los malos artistas. En el Entartete Kunst (expresión alemana para arte degenerado) aparecen, entre otros, Max Beckmann, Marc Chagall, Pablo Picasso, Paul Gauguin y Vincent van Gogh, así como todos los expresionistas alemanes de la primera mitad del siglo XX, es decir, lo mejor del arte mundial de la época.

La identidad de los "malos artistas" según Hitler y los suyos no es una suposición. Está documentada: en el catálogo sobre arte degenerado que redactaron los nazis aparecen 20.000 0bras de 1.400 firmas. El original del inventario puede ser consultado, bajado y usado sin fines comerciales bajo licencia Creative Commons de la página web del museo inglés Victoria & Alberto [PDF del vólumen 1, 32,8 megas; volumen 2, 31 megas].

Quizá ni siquiera ellos tenían claro quiénes eran los buenos artistas Lo que no está tan claro, quizá porque ni siquiera ellos lo tenían claro, es la identidad de los buenos artistas según los nazis. Una exposición que aprovecha las efemérides relacionadas con 1945, intenta aclarar la cuestión. Se titula GegenKunst - Entartete Kunst - NS-Kunst (Contraarte - Arte degenerado - Arte nacionalsocialista) y está organizada en Munich, ciudad donde surgió el nazismo, por la Pinakothek der Moderne. Estará en cartel entre el 20 de mayo y el 31 de enero de 2016.

'Heroicos' y 'puros'

Cómo de un pozo seco no se puede extraer agua, la relación de artistas "heroicos" y "puros" se limita a dos. Ambos fueron bastante mediocres, ejercieron la delación y se aprovecharon de la simpatía de Hitler y los suyos para hacerse ricos con encargos oficiales bien remunerados. Ninguno aparecería en los libros sobre historia del arte de no mediar su condición de artistas oficiales del nazismo.

Ziegler era un artista mediocre que se dedicaba a 'arianizar' modelos clásicos Adolf Ziegler (1852-1959), el pintor favorito de Hitler, era un artista mediocre al que sus compañeros llamaban con sorna el "maestro del vello púbico alemán" porque su naturalismo era incapaz de la sugerencia o la metáfora plástica: pintaba hombres y mujeres desnudos, calcados de estatuas clásicas griegas, a los que que arianizaba con pelos rubios y cabezas voluminosas. Solía confesar, sin pudor de ningún tipo, que sus mujeres eran la versión ideal de las futuras "madres de perfectos alemanes".

Ordenó confiscaciones

La exposición muestra el cuadro más famoso de Ziegler, Die Vier Elemente (Los cuatro elementos, en torno a 1937), un tríptico sin gracia —pero con cuatro futuras madres desnudas— que compró Hitler con dinero de su bolsillo y colgó tras el escritorio de su residencia en Munich. Ziegler sacó buena tajada de su posición de privilegio y fue encargado de dirigir, como responsable del Reich der Bildenden Künste (Cámara de Artes Visuales del Reich), a los seis expertos nazis nombrados por el ministro de Propaganda e Información Joseph Goebbles que debían redactar el inventario de "arte degenerado" citado antes.Entregaban los cuadros incautados a galeristas a cambio de una comisión en la futura venta

La comisión catalogó, prohibió e incautó casi 20.000 obras. "Lo que están viendo son los productos enfermos de la locura, la impertinencia y la falta de talento. Necesitaría varios trenes de carga para limpiar nuestras galerías de esta basura", dijo Ziegler, que se encargó de ordenar personalmente la incautación de cuadros de propiedad pública y privada de, entre otros, Beckmann, George Grosz, Chagall, Ernst Ludwig Kirchner, Paul Klee, Oskar Kokoschka y Emil Nolde. Muchas de las obras, en un proceso de cinismo a cara descubierta, eran de inmediato vendidas a galeristas e intermediarios a cambio de una comisión sobre las ganancias.

Internado en Dachau como escarmiento

Cuando el curso de la guerra mundial se torció para Hitler, el arribista Ziegler quiso bajarse del tren del nazismo y criticó en público a Hitler. La Gestapo lo detuvo y fue internado durante seis semanas en el campo de concentración de Dachau, pero Hitler en persona firmó que lo soltaran tras el escarmiento. Pese a los testimonios sobre su intervención en el expolio, nunca fue juzgado y murió en paz en Baden-Baden a los 67 años.

Thorak era el escultor de confianza del arquitecto y ministro de Guerra nazi Albert Speer El otro creador que gustaba a los nazis era el escultor Josef Thorak (1889-1952), un monumentalista que también replicaba los ideales griegos para sus proteicas figuras de piedra. Era el escultor de confianza del arquitecto y ministro de Guerra de Hitler Albert Speer, el hombre que debía aplicar el plan de renovación que convertiría a Berlín en la Capital mundial Germania.

Thorak se enriqueció haciendo prácticamente todas las figuras ornamentales de los edificios de Speer, entre ellos el Estadio Olímpico de la capital alemana. Su gusto por las figuras hipermusculadas también le hizo merecedor de un sobrenombre: 'profesor tórax'.

Como contrapeso al par de artistas nazis, la exposición propone la visión de obras de Beckmann como el dinámico tríptico Versuchung (Tentación, 1936-1937), que realizó como respuesta a Los cuatro elementos de Ziegler, y la escultura en bronce Mann im Dunkel (Hombre en la oscuridad, 1934). El museo propone la visión de un tercer tríptico, la Crucifixion (1965) de Francis Bacon, para demostrar cómo y de que manera habían cambiado las sensibilidades artísticas dos décadas después de la muerte de Hitler.