Stanisław Ignacy Witkiewicz. Self-Portrait, Zakopane [Broken Glass], 1910
Los autorretratos del polaco Witkiewicz son visiones de una psique rota Art Institute of Chicago - Promised Gift of a Private Collection

Con 20 millones de soldados y 15 millones de civiles muertos —según algunos cálculos conservadores que otros elevan a 65 millones de víctimas en total—, el final de la I Guerra Mundial dejó el terreno europeo tan baldío y taladrado como repleto de cadáveres deslavazados. Después del conflicto más despiadado que había conocido el mundo, era absurdo que el arte permaneciera impasible y regido por las leyes milenarias de la perspectiva, el realismo y la composición. Como los países y los cuerpos, la creación se convirtió en un espacio de cascotes.

La exposición Shatter Rupture Break (Desgarrar romper quebrar, sin comas entre los verbos, como si los tres formasen uno solo) propone un recorrido por el arte de la fragmentación durante los últimos cien años. No es una escuela, pero sí una actitud estable desde que los obuses y el gas mostaza dejaron de extenderse, para proseguir unas décadas después en la II Guerra Mundial y llevar a la sensibilidad de los artistas la conciencia de que en ocasiones es válido dejar que la destrucción visite el lienzo, la escultura, la fotografía...

Bellmer, Dalí, Léger...

La muestra, con piezas de pintura, escultura, fotos, artes decorativas, textiles, libros y películas basadas en la "vitalidad" de destrozar para engendrar, está organizada por el Art Institute of Chicago y estará en cartel hasta el 3 de mayo. Incluye obras de, entre otros, Hans Bellmer, Salvador Dalí, Stanisław Witkiewicz, Fernand Léger, Claude Cahun y George Grosz.

La circulación de personas, bienes e ideas era más rápida La idea de que el arte implosionó al mismo tiempo que la sociedad europea hace más o menos un siglo está sustentada por una cita del dadaísta alemán Kurt Schwitters, quien en 1930 dijo: "Todo está llamado a romperse y debemos hacer cosas nuevas con los restos". Los organizadores de la exposición hace suya la máxima y señalan que aquel cambio era tan rápido y radical como el que se está produciendo en la actual era digital. "La comunicación y la producción eran más rápidas y lo eran también la circulación de personas, bienes e ideas", dicen.

El 'nuevo ritmo' del siglo

Cuando a la ecuación se añadieron los efectos de la guerra, se produjo un "cambio profundo en la comprensión del mundo" al que los artistas respondieron con "ansiedad y euforia" por "liberarse de las ataduras de la tradición". El "nuevo ritmo" del siglo fue expresado por creadores como el francés Robert Delaunay y el italiano Gino Severini, de los primeros en presentar la visión del mundo "como algo fracturado". El primero lo ejecuta en Champs de Mars: The Red Tower (Campo de Marte: La torre roja), donde fragmenta la forma icónica de la Torre Eiffel y la coloca en en un entorno urbano acelerado.

Dalí convirtió el cuerpo en fetiche, Bellmer hizo muñecos bulbosos... Tampoco el cuerpo humano se liberó de permanecer intacto. El devastador efecto de la guerra, la primera contienda mecanizada, puede verse reflejada en los muñecos bulbosos y rotos del surrealista Bellmer; en City of Drawers (Ciudad de cajones), donde Dalí convierte la anatomía en fetiche mediante un cuerpo lleno de cajones, o en las acuarelas espeluznantes de Ivan Albright, que se acercan a las ilustraciones anatómicas. La mente fragmentada aparece en los autorretratos del fotógrafo polaco Witkiewicz, cargados de violencia psicológica y simbolizando una psique destrozada.

El 'boom' del 'collage'

Los alemanes Schwitters y Grosz llevaron el afán de crear con los restos al lienzo, explorando el collage, una técnica que es en sí misma una forma de destrucción —el papel se arranca o corta de su emplazamiento original— para crear una nueva obra a partir de los escombros. Las obras de ambos son una reacción a la historia de la sociedad alemana, rota y al borde del colapso tras embarcarse en una guerra que terminó en delirio.