Festiclown Palestina
Iván Prado, director de Pallasos en Rebeldía. Pallasos en Rebeldía

Iván Prado lleva las riendas de Pallasos en Rebeldía desde 2003, cuando actuaba junto a otros compañeros a escasos metros de las bombas en Gaza, durante la Segunda Intifada. Desde entonces, su compromiso con los pueblos oprimidos le ha llevado a Chiapas, al Sáhara Occidental o, como en esta ocasión, Palestina, donde ya celebró en 2011 el primer Festiclown.

Tres años más tarde y una deportación incluida en 2010, el clown gallego repite festival llevándose consigo a payasos como Pepe Viyuela, Johny Melville, Laura Mandarina o Marcelo González, entre otros, así como al músico Mr. Kilombo. La II edición del Festiclown Palestina se celebra desde este miércoles 1 de octubre hasta el día 9 en Cisjordania con el objetivo principal de llevar las risas a los hospitales que aún albergan víctimas de los últimos bombardeos israelíes del pasado verano.

Desde que Pallasos en Rebeldía echara a andar en 2003, ¿qué ha hecho más, reír o llorar?
Pues en realidad he reído mucho más de lo que he llorado. Quizás, el llanto me ha marcado bastante, pero la sensación de que la risa ayuda a transformar el mundo y a curar los males de esta sociedad capitalista ha sido mucho más fuerte que la desesperanza o la frustración.

Y eso que, a fin de cuentas, abordan desde la risa temas muy serios, ¿no?
Históricamente, es el lugar del payaso, un lugar de confrontación contra el poder y de defensa de los valores humanos. Nacimos como profesión, como gremio, porque el pueblo quería sentir esperanza y poder enfrentarse al poder. Realmente es un hecho totalmente lógico, natural, orgánico que los payasos estemos en Palestina, estemos en el Sáhara y confrontemos temas tan dolorosos como la guerra.

La sensación de que la risa ayuda a curar los males de esta sociedad capitalista ha sido mucho más fuerte que la frustración¿Le ponen muchas zancadillas?
Alguna, en el 2010, estuve en la cárcel en Israel. No fue traumático porque fue una noche, pero fui expulsado y el lobby económico, político y militar de Israel es muy grande. Es muy importante para nosotros ser capaces de construir nuestro sueño. El circo siempre ha sido internacionalista y siempre hemos superado todo, desde dictaduras, a la persecución de la Iglesia católica hasta guerras mundiales. Digamos que forma parte de nuestro entrenamiento; a las zancadillas les ponemos más energía, más creatividad y superamos con la disciplina del circo todos estos impedimentos que intentan ponernos.

¿Ayuda estar soportados por algo tan vital como es la risa?
Claro, es que al final estamos en algo que nos define como seres humanos, que es el sentido del humor, que es el alimento de la esperanza, es la manera de pensar que mañana puede ser mejor que hoy. Está en la estructura del ADN de nuestra sociedad y de nosotros como personas.

En alguna ocasión le he escuchado la expresión de "kamikazes de la risa" para autodefinirse...
Sí, porque lanzarte sobre Gaza o en campamentos de refugiados saharauis, favelas que domina el narco o zonas en las que los paramilitares mexicanos están matando a la gente es un poco kamikaze, pero en el sentido de que nos lanzamos a corazón abierto, nos abrimos en canal para que nuestra propia estupidez como artistas alimente la risa del público. No solamente es kamikaze en el sentido más social y político, sino también en el más artístico y técnico. El payaso o la payasa se desnuda ante el público y esa verdad es lo que hace que el público nos ame.

¿Por qué no se puede criticar a Israel sin que le tachen a uno de antisemita?
Porque Israel tiene el control económico, de los mass-media y del relato oficial de Hollywood. Israel no es un país, es un ejército de ocupación con una estrategia militar para controlar la opinión pública mundial. Son las víctimas que ahora hacen de verdugo con toda la rabia y autojustificándose en la violencia que ellos sufrieron. Están utilizando la última tecnología militar y la última tecnología de las redes sociales y los mass-media. Piensa que los judíos históricamente han creado muchos de los relatos de la vida, mucho de la forma de relatar el mundo ha nacido de la cultura judía, en algunos casos para muy bien y en este caso concreto de una manera terrorífica, porque están condenando al ostracismo y a la desaparición a un pueblo simplemente porque se sienten justificados de ocupar ese lugar por un texto antiguo.

Creo que lo que realmente falta es que los payasos se enfrenten a los conflictos sociales¿Ha recibido usted presiones por su compromiso con el pueblo palestino?
Yo he tenido que ir a los tribunales; a mí me han difamado en Internet y he ganado los juicios. He tenido que ir a juicio varias veces contra medios de comunicación sionistas que se dedican a difamarme, pero yo tampoco soy un tipo importante desde el punto de vista artístico. Iván Prado es un payaso que se desnuda delante de los muros y de los genocidas y los ocupadores de otros pueblos; no es que tenga una gran trascendencia.

¿Qué era de Iván Prados antes de Pallasos en Rebeldía?
Pues era un gestor cultural con cierto recorrido en Galicia, que organizaba el festival más importante de clown de Europa, siempre con la mentalidad de que la cultura podía cambiar al mundo. Pallasos en Rebeldía me ha cambiado, porque me ha sacado del despacho y me ha convertido en payaso a tiempo completo. Ya no sólo soy director de festivales, soy payaso, profesor y director de clown... y me está llevando a recorrer todo el mundo.

¿Sobran conflictos, faltan payasos... ambas?
Falta conflicto en el mundo del payaso. El payaso y el circo tienen que enfrentarse realmente a este modelo social y recordar quién es, recordar la labor que hemos venido a cumplir. El circo es el lugar donde la utopía se volvía disciplina. Tenemos que recuperar el origen y es que somos quienes despiertan la esperanza de un mundo mejor; para eso hemos nacido y por eso cruzábamos el aire, volábamos, por eso la ley de la gravedad no era tan grave y hacíamos que cinco pelotas estuvieran en el aire, porque éramos el contramodelo de una sociedad opresora, de un discurso que resta magia y libertad al ser humano. Creo que lo que realmente falta es que los payasos se enfrenten a los conflictos sociales.