El rey Juan Carlos pasea con Adolfo Suárez
El rey Juan Carlos pasea con Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia que hizo posible la transición en España. EFE

Adolfo Suárez y el rey caminan juntos por el jardín de la casa madrileña de La Florida del expresidente del Gobierno. Era el 17 de julio de 2008 y dos viejos amigos vuelven a encontrarse, aunque uno de ellos, debido a su enfermedad, no reconociese al otro. "¿Quién es usted?", preguntó Suárez. "Adolfo, soy yo, tu viejo amigo", constestó el monarca. 

La imagen de ambos esa calurosa mañana de verano está más que nunca de actualidad tras el fallecimiento de Adolfo Suárez. La foto la hizo Adolfo hijo y, como él mismo ha contado en el libro Suárez y el Rey (Espasa), representa la relación de "dos personas que han vivido muchas cosas juntos y han llegado al final del camino".

Ese día, el último que se han visto, Suárez y el rey cerraron el círculo de una relación de amistad y entendimiento político con altibajos que contribuyó a la estabilidad política en los primeros años de la transición hacia la democracia y que colmó las aspiraciones de ambos: la de un joven de Cebreros de ser presidente y la de un príncipe de convertirse en rey.

El rey y Adolfo Suárez planearon en Segovia y por escrito la estrategia a seguir cuando se cumplieran las previsiones sucesorias Adolfo Suárez conoció a don Juan Carlos en 1969, cuando era gobernador civil de Segovia. El flechazo fue inmediato. Fruto de esa buena sintonía Suárez fue nombrado director general de RTVE por sugerencia del entonces príncipe, según desveló el entonces vicepresidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco.

"El rey y Adolfo Suárez planearon en Segovia y por escrito la estrategia a seguir cuando se cumplieran las previsiones sucesorias", ha confesado Adolfo Suárez Illana.

Desde su posición de privilegio en RTVE, Suárez intentó que los españoles conociesen mejor al príncipe y potenció su imagen para cuando llegara el momento de suceder a Franco en la jefatura del Estado.

A cambio, el joven príncipe apadrinó el ascenso de Suárez en el llamado Movimiento Nacional hasta colocarlo, tras la muerte de Franco, en la terna de aspirantes a la presidencia del Gobierno, a la que finalmente accedió el 3 de julio de 1976.

"El rey se jugó con mi nombramiento casi el reinado. Me dio la oportunidad de ser lo que más me gustaba y en el momento más complicado", dijo Suárez en una entrevista en 1995 en TVE. "En aquellos años, sobre todo en 1976 y 1977, estar a mi lado era casi un acto de heroísmo", añadió.

Nuevo sistema político

A partir de ese momento, Suárez y el rey fueron dando los primeros pasos para llevar a buen puerto la transición democrática, conscientes de los numerosos recelos que su relación despertaba, sobre todo por parte de los militares. 

El rey se jugó con mi nombramiento casi el reinado Juntos sentaron las bases de un nuevo sistema político en el que la capacidad ejecutiva recaía en el presidente del Gobierno, mientras que el jefe del Estado se convertía en la máxima figura de representación institucional.

Faltaba pasar por las urnas para consolidar el proyecto democrático y la institución monárquica para acallar las voces críticas que cada vez se alzaban con más fuerza, sobre todo después de la legalización del Partido Comunista dos meses antes de las primera elecciones tras la dictadura franquista.

El 15 de junio de 1977, Suárez ganó los comicios con la Unión de Centro Democrátrico (UCD) y se volcó en conseguir el consenso necesario entre las distintas fuerzas políticas que obtuvieron representación parlamentaria para aprobar la Constitución de 1978.

Una vez lograda la democracia, las distintas sensibilidades políticas empezaron a buscar su espacio, lo que empezó a generar desconfianza en los mandos militares de origen franquista. A esta situación hay que añadir la escalada de atentados que se sucedieron por parte de ETA.

Un título nobiliario como recompensa

En este contexto, Suárez, que tuvo que enfrentarse a una moción de censura del PSOE, empezó a estar cada vez más cuestionado. Acorralado por los altos cargos militares más influyentes y sin la confianza de su partido, le presentó al rey su dimisión el 27 de enero de 1981.

Poco después, tras el 23-F y con Leopoldo Calvo-Sotelo al frente del Gobierno, el monarca concedió a Suárez un título nobiliario por sus años de servicio a la democracia: el Ducado que lleva desde entonces su apellido.

Sin embargo, su dimisión en medio de un convulso escenario nacional y su regreso a la política bajo las siglas del Centro Democrático y Social (CDS) enfriaron mucho la relación entre Suárez y el rey. No fue hasta que el expresidente se reitró de la vida política en 1991 cuando volvieron a retomar su vieja amistad.

De hecho, don Juan Carlos y doña Sofía han apoyado estos últimos años al expresidente, que ha sufrido mucho con el fallecimiento de su esposa Amparo, en 2001, y de su hija Marián, en 2004, ambas de cáncer.