Comunidad Valenciana

Carlos Fabra, un símbolo y toda una época del PP valenciano que acaba en la cárcel

  • El que fue barón provincial cumplirá una condena de cuatro años de prisión por delitos fiscales en el llamado 'caso Naranjax'.
  • Su figura ha estado marcada por la influencia en la provincia y ante el PP autonómico y nacional.
  • Hizo de Castellón un feudo donde ninguna decisión escapaba a su control.
  • El aeropuerto sin aviones y Mundo Ilusión, emblemas del modelo turístico para extranjeros ligado al ladrillo que quiso implantar.
El expresidente de la Diputación y del PP en la provincia Carlos Fabra, junto a su exesposa Amparo Fernández (c), y Monserrat Vives (d), durante el juicio por el denominado "caso Naranjax".
El expresidente de la Diputación y del PP en la provincia Carlos Fabra, junto a su exesposa Amparo Fernández (c), y Monserrat Vives (d), durante el juicio por el denominado "caso Naranjax".
Domenech Castelló / EFE

La figura de Carlos Fabra, condenado a 4 años de cárcel por delitos fiscales en el caso Naranjax, ha sido asociada durante años al poder casi absoluto en la provincia de Castellón. Tuvo buenas relaciones con la dirección nacional del PP (incluso alardeaba de su amistad personal con José María Aznar) e influyó a nivel autonómico, donde apoyó primero a Eduardo Zaplana y luego a Francisco Camps, y fue mentor municipal del actual presidente del Consell, Alberto Fabra en su salto a la Alcaldía de Castellón, de la que descabalgó a José Luis Gimeno.

Eran los tiempos en los que el expresidente de la Diputación y del PP provincial presumía de amedrentar con una llamada a un director general o incluso a un ministro para "defender los intereses de Castellón". Todo eso es pasado. Ningún dirigente acudió a respaldarlo durante el juicio celebrado el pasado mes de noviembre, a diferencia de cuando desfilaba ante el juzgado durante estos últimos años.

El barón provincial intentó convertir Castellón en un referente del turismo internacional que no dependiera de Valencia. Es en ese contexto en el que se enmarca el polémico “aeropuerto sin aviones” que costó 150 millones de euros a la Generalitat y que sigue cerrado a la espera de un plan de viabilidad o de su venta.

La presidencia de la empresa pública que lo gestiona, pese a ser casi en su totalidad propiedad de la Generalitat, fue el retiro dorado que se preparó para su jubilación, pero la falta de proyecto de la infraestructura aceleró su salida de Aerocas. Para la historia quedó la pregunta a sus nietos el día de la inauguración oficial, poco antes de las elecciones municipales y autonómicas de 2011: “¿Os gusta el aeropuerto del abuelito?

La idea de Fabra pasaba por ligar el turismo al negocio inmobiliario para que los extranjeros adquirieran viviendas en la costa y al desarrollo de parques temáticos. Su proyecto estrella, Mundo Ilusión, quedó aparcado tras el fracaso de Terra Mítica en Alicante.

Otra polémica que ha alimentado la leyenda de Carlos Fabra ha sido su repetida suerte en los sorteos de la lotería. Una de las cuestiones clave del juicio contra el político popular será saber qué pasó con los 2,2 millones de euros que supuestamente ganó en premios grandes entre los años 2000 y 2011, según Anticorrupción.

El mito de su influencia en la provincia también ha planeado sobre la instrucción judicial del caso Naranjax que ahora va a juicio. Han sido casi 10 años de instrucción en el juzgado de Nules, por el que han pasado nada menos que nueve jueces y cuatro fiscales. Su futuro ya no depende de su voluntad (abandonó la presidencia de la Diputación cuando quiso, en 2011), sino de los tres magistrados de la Audiencia Provincial.

El todopoderoso Carlos Fabra acabará finalmente en la celda de una prisión, lejos del lujo y del poder que amasaba hace unos años. Un destino que compartirá con otros dirigentes del PP valenciano salpicados por otros asuntos. Es el fin de un símbolo y de una época.

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