Medusa
Albert Raurich, chef y propietario del restaurante asiático Dos Palillos, de Barcelona, preparando una tapa de medusa. TONI GARRIGA / EFE

Incorporarlas a la dieta española medusas, como ha recomendado la organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), sería una apuesta muy costosa y arriesgada por la falta de tradición.

No va a ser lo mismo pedir merluza que medusa No obstante, algunos restaurantes ya ofrecen en sus cartas estos platos y defienden las cualidades de estas invasoras que, según alerta la FAO en su informe, proliferan en los mares Mediterráneo y Negro, lo que dificulta la recuperación de especies afectadas por el exceso de pesca, y que en Japón, Corea o China se cultivan en acuicultura.

En ese sentido, el investigador del Instituto Español Oceanográfico (IEO), Julio Mas, explica que las especies asiáticas "se parecen bastante" a algunos tipos de las mediterráneas, por lo que la idea de extraer medusas comestibles en aguas españolas no sería descabellada, siempre y cuando estuviesen sometidas a procesos que garantizasen su salubridad, así como a tratamientos de deshidratación, ya que un 99% de su cuerpo es agua.

Respecto a si tendría éxito, Mas señala que se trata de una cuestión cultural, ya que "no va a ser lo mismo pedir merluza que medusa". En ese sentido recuerda que en 2003 hubo un intento, en Murcia, de deshidratar la medusa "huevo frito" para su exportación, que finalmente no resultó rentable, aunque recuerda que en España ya se comen, por ejemplo, ortiguillas de mar, unas anémonas de apetencia dudosa para algunos comensales.

Sabe a ostra
o a percebe
La gran defensora de la medusa en la alta cocina española es Carme Ruscalleda, que descubrió "esta maravilla" en 2003, durante un viaje a Japón. Cuando invadieron las playas mediterráneas en 2005 y 2006, la chef catalana ofreció en su restaurante El Poblet una tapa de medusa asiática "para crear debate sobre algo que aquí nos estorbaba y en otros lugares se lo comen".

A partir de ahí, Ruscalleda se enteró de que algunos pescadores, sobre todo en Baleares, intentaban introducir en el mercado la medusa "huevo frito". "Nos la trajeron fresca, la pusimos sobre una cama de sal para que muriera y descubrimos un corte maravilloso, un producto que sabe a ostra o al percebe", recuerda.

Sin embargo, la Unión Europea (UE) prohíbe su comercialización en fresco, al no formar parte de la cultura alimentaria del continente, donde solo se puede encontrar deshidratada o en salazón. Por eso, con la colaboración de la Universidad de Barcelona, la chef ha trabajado para intentar encontrar textos, de manera infructuosa hasta ahora, que avalen su consumo. Pero se muestra optimista: "Ojalá la propuesta de la FAO sirva para desencallar esta iniciativa".