"Se te para el corazón al verlo. Es exactamente cómo se veía Ronnie cuando estaba enfermo". Así reaccionó Sharon Woodroof al ver a Matthew McConaughey en la piel de su fallecido hermano, Ron Woodroof, un electricista que contrajo el sida a mediados de los ochenta y cuya vida se ha llevado a la gran pantalla en Dallas Buyers Club. "Lo más importante son los ojos y la cara. Tiene el rostro de alguien con sida, es casi irreal", aseguró Sharon.

El actor, que hace poco exhibía su poderosa anatomía en Magic Mike, ha puesto toda la carne en el asador para interpretar a Woodroof en los últimos días de su vida y se ha dejado 19 kilos por el camino. El cambio es escalofriante.

Algunos medios norteamericanos están empezando a llamar la película "el club de la pérdida de peso", ya que otro de sus protagonistas, Jared Leto, también ha adelgazado notablemente para hacer su papel de transexual.

No son los primeros ni serán los últimos en cambiar drásticamente su anatomía por cuestiones de guión: en mente de todos están los más de 30 kilos que engordó Robert De Niro para interpretar a un envejecido Jake la Motta en Toro Salvaje, con una dieta a base de cerveza, pizza y pasteles. Vincent D’Onofrio le superó al engordar 32 kilos para su papel en La chaqueta metálica; le costó 7 meses ganar ese peso y 9 meses perderlo. El espigado Will Smith también engordó 20 kilos para ponerse los guantes del campeón del mundo de los pesos pesados Muhammad Ali.

George Clooney aumentó 15 kilos a base de pastas para interpretar al agente de la CIA Robert Barnes en Syriana y Russell Crowe aumentó 28 kilos en Red de mentiras.

Charlize Theron también tuvo que subir de peso unos 15 kilos en la película Monster, por la que ganó un Oscar. Por el contrario Tom Hanks adelgazó unos 20 kilos en Naúfrago y el rapero 50 Cent perdió al menos 25 kilos en Things Fall Apart, donde interpretaba a un enfermo de cáncer.

Otros ejemplos:

Anne Hathaway: Llegar a ser Fantine en Los miserables  era un sueño para ella, y también un desafío: para hacer el personaje más creíble se dejó rapar la cabeza y adelgazó 9 kilos en 15 días. Su dieta consistía en  dos manzanas al día y un batido de proteínas.

Hugh Jackman: La etapa de Jean Valjean de Los miserables como condenado a trabajos forzados exigía un físico deplorable, muy alejado del que nos tiene acostumbrados en películas como X-Men y Acero Puro. Por ello, Jackman se pasó 36 horas sin beber agua. "La idea era resultar totalmente irreconocible".

Michael Fassbender: Dos años después de formar parte del inolvidable ejército de espartanos en 300, adelgazó 20 kilos para encarnar en Hunger al activista irlandés Bobby Sands, que murió durante una huelga de hambre. Fassbender se alimentaba de frutos secos y latas de sardinas, "porque tenían mucho calcio". El yoga le ayudaba a combatir el nerviosismo que le provocaba el hambre.

Matt Damon: Cambió el atlético cuerpo de Bourne por las carnes flácidas del científico chivato Mark Whitacre en ¡El soplón!, 15 kilos de más que le vinieron bien para su papel de jugador de rugby en Invictus.

Renée Zellwegger: Encarnar a Bridget Jones ha tenido su precio: 13 kilos que tendrá que volver a engordar para la tercera entrega, prevista para 2013, pese a que los médicos le han desaconsejado ese aumento de peso. Para las dos anteriores, de 2001 y 2004, Zellwegger tuvo que ingerir 5.000 calorías diarias, más del doble de las recomendadas. Su dieta se basaba en hamburguesas, pasta con salsas, patatas fritas, batidos, tartas y 20 donuts al día.

Santiago Segura: Entre 20 y 30 kilos ha tenido que engordar Santiago Segura cada vez que se ha puesto en la piel de Torrente. En cambio, para la película La máquina de bailar tuvo que ponerse en forma: estuvo dos meses aprendiendo a bailar y adelgazó considerablemente.

Christian Bale: Tiene el récord de adelgazamiento por un papel: bajó casi 30 kilos en báscula en El maquinista, donde interpretaba a un insomne. Según contaba Bale, solo se alimentaba de una manzana y café al día. Llegó a pesar 50 kilos y su intención fue bajar más, pero la producción no lo dejó porque temor a que atentara contra su salud. Seis años después volvió a repetir la ‘hazaña’ en The Fighter, papel por el que ganó su único Oscar. También se sometió a conciencudos entrenamientos para ganar músculo en películas como American Psycho, El imperio del fuego y la saga de Batman.

La gran pregunta es: ¿pueden los actores someter sus cuerpos a unos cambios tan extremos sin sufrir las consecuencias, incluso si lo hacen bajo cuidados profesionales?

Transformación... ¿sin secuelas?

En opinión de Juan Revenga, dietista-nutricionista (autor del blog El nutricionista de la general) lo principal es que estas personas tengan la cabeza bien amueblada. "Los transtornos alimentarios son de boca para arriba, si esos actores tienen la psique bien asentada y reciben la ayuda de un profesional sanitario, no tendrían por qué tener mayores problemas", admite. Sin embargo puntualiza que estos altibajos pueden suponer un estrés metabólico: "desde luego, no es lo mejor que pueden hacer por su salud. Aunque minimicen los riesgos, como hacen los especialistas de cine al rodar las escenas de peligro, la posibilidad de tener problemas es mayor".

Lo que comes y tus hábitos intervienen en tus genes, al contrario de lo que siempre se ha pensado La clave es el tiempo al que estén expuestos a una verdadera carestía. "Lo que comes y tus hábitos intervienen en tus genes, al contrario de lo que siempre se ha pensado", advierte Juan Revenga. "Se ha comprobado que las consecuencias de la hambruna en el centro de Europa durante la II Guerra Mundial las están sufriendo las siguientes generaciones e incluso los nietos de las personas que pasaron hambre, sobre todo si fueron mujeres —explica el diestista-nutricionista—. Sus descendientes suelen ser mucho más frágiles en cuestiones de metabilismo, y tienen una mayor tendencia a padecer diabetes, insuficiencia renal..."

Este es el campo de la nutrigenómica, que estudia cómo "la expresión de esa biblioteca genética" se puede modificar por causas nutricionales, de manera que se pueden "abrir unos libros y cerrar otros".

En el caso de los que ganan peso, algo aparentemente menos dañino, lo verdaderamente negativo sucede durante el momento del sobrepeso, apunta Revenga. Se pueden poner en marcha una serie de mecanismos metabólicos que no son "precisamente beneficiosos" y que pueden aumentar las probabilidades de sufrir una enfermedad posterior, como la diabetes.

"Una persona obesa compra más boletos para sufrir diabetes que otra normal, y nadie puede saber hasta qué punto los actores que engordan van a poder desembarazarse de esos boletos, aunque luego vuelvan a su estado anterior. Como en el caso del adelgazamiento, la clave está en el tiempo que mantengan esa situación".

En cuanto al proceso de deshidratación al que se ha sometido Hugh Jackman, Revenga explica que es un recurso bien conocido por los culturistas que se presentan a una competición. Unos días antes beben agua destilada, que no tiene electrolitos y fuerza la deshidratación. Ésta marca los músculos, las facciones, las venas... "Dan relieve a la fisionomía", relata el diestista nutricionista. "Su profesionalidad es admirable, pero están jugando con su salud, y nadie sabe hasta qué punto".