Riccardo Riccò
Riccardo Riccó celebra su victoria en la sexta etapa del Tour 2008 con Alejandro Valverde (izda) detrás (REUTERS). REUTERS
No tenía previsto correr el Tour y su presencia en Francia, al menos oficialmente, está enfocada a cazar etapas sin ningún tipo de aspiración en la general. Pero eso, claro, es la versión oficial que dan desde el Saunier Duval-Scott. Lo cierto es que el italiano Riccardo Riccò, segundo en la pasada edición del Giro de Italia , impuso su velocidad en la cima de Super-Besse, meta de la sexta etapa de la presente edición, y le dio una alegría a su equipo, con la moral tocada por los abandonos de
Litu Gómez y Aurelien Passeron. [Así te lo contamos]

La cobra se aprovechó del excepcional trabajo del Caisse d'Epargne, especialmente Óscar Pereiro, para Alejandro Valverde. El murciano, a pesar de no haber pasado una buena noche, buscó su segunda victoria de etapa en este Tour. Pero se adelantó el italiano, con una arrancada potentísima con la meta a la vista. Valverde, por momentos, parecía que podría cogerle la rueda. Pero se le atragantaron los últimos metros, miró para atrás, contempló a Cadel Evans, quien concluiría tercero, y claudicó. Las dudas sobre su rendimiento tras su caída, al menos por un día, se han evaporado.

Emoción, sólo al final

La emoción de los 195,5 km entre Aigurande y la estación invernal de Super-Besse se redujo, prácticamente, al exigente kilómetro y medio final, en el que hace años reventó el fallecido José María Jiménez a todo un Miguel Induráin.

Tampoco había que soñar con grandes exhibiciones en el que suponía el primer contacto con la montaña de este Tour. Hubo fuga del día, neutralizada; se produjeron muchos ataques, fundamentalmente de equipos franceses, en los últimos siete kilómetros. Pero los favoritos rodaron juntos y las diferencias entre ellos, en el desenlace, se redujeron a pocos segundos. Los suficientes para que Valverde ahora sea octavo en la general, Pereiro se sitúe décimo, Samuel Sánchez esté undécimo y Carlos Sastre, duodécimo. Buenas perspectivas para los inminentes Pirineos.

Pese a la limitada batalla final, hubo cambio de líder. El alemán Stefan Schumacher (Gerolsteiner), amarillo hasta hoy, intentó buscar un hueco para disputar la llegada; pero calculó mal y dirigió su rueda delantera contra la trasera del luxemburgués Kim Kirchen (Team Columbia), lo que en el argot se denomina el afilador. Caída segura.

El incidente de Schumacher cambió la morfología del grupo justo en el momento en el que Riccò y Valverde tensaban. Carlos Sastre (CSC-Saxo Bank), que había escalado posiciones, su compañero Frank Schleck, el propio Kirchen o Denis Menchov se encontraron en medio de un bandazo provocado por la caída. Los jueces les picaron entre cuatro y siete segundos. Damiano Cunego mostró debilidad y entró 32 segundos después que Riccò.

Etapa peligrosa por el Macizo Central

Mañana, en la séptima etapa, se mantiene el peligro del Macizo Central. No hay final en alto, pero en los 159 kilómetros entre Brioude y Aurillac el pelotón deberá afrontar un recorrido de esos denominados rompepiernas, pestosos, aliñado con cinco puertos de montaña.

Del último, Sain Jean de Donne, advierten sobre su dureza. Corto, pero empinado. Y su cima, a nueve del final. Si no hay escapados por el medio, puede ser un buen lugar para tantear los rivales. Quizá el Euskaltel Samuel Sánchez, un grandísimo bajador.