Iago Aspas
Iago Aspas. Luis Grañena

Desde pequeños, nuestros padres nos enseñan que la mentira es mala, pero, con la vida, aprendemos que, si se se utiliza para cumplir tu sueño, sin perjudicar a nadie, puede ser piadosa. Y Iago Aspas llegó al Celta mintiendo.

El club vigués no aceptaba a niños menores de nueve años y cuando Aspas se presentó a las pruebas de la mano de su tío, sólo tenía ocho. Sin embargo, desprendía un talento de edad superior. Cuando la mentira se destapó ya era muy tarde y el Celta de Vigo había tomado una decisión: ese 'mentirosillo' de 8 años formaría parte de su cantera.

Su descubridor fue Javier Maté, portero del Celta durante 12 años y gran conocedor del carácter del delantero. Aspas siempre destacó por su rebeldía dentro del terreno de juego y también por su manera de ver el fútbol, y es que, con tan sólo 13 años, le dijo a un compañero: "¿Para qué te mueves? ¿No ves que con el efecto que te estoy tirando la pelota se te acerca?". Su pasión era el fútbol y su devoción el Celta de Vigo.

Los que le conocen aseguran que juega en escenarios como el Santiago Bernabéu igual que jugaba de pequeño en la plaza de Moaña. Su descaro sobre el terreno de juego le llevó a ser expulsado más de una vez. Ese carácter díscolo le costó una cesión al Rápido de Bouzas bajo el aviso de que o cambiaba o estaría fuera de la cantera.

Periplo en Liverpool y Sevilla y regreso a casa

Sus experiencias fuera de casa no han sido todo lo triunfadoras que se esperaba. Primero Liverpool y después Sevilla, favorecieron el regreso del hijo pródigo a Vigo, donde ha conseguido llegar a la Selección a base de buenas actuaciones y de algún que otro calentón.

En su debut marcó un gol ante Inglaterra en Wembley y tras el partido le pidió al utillero toda la ropa posible por si no volvía a tener esa oportunidad.

Sin embargo, se ganó la continuidad y la confianza de la mano de Lopetegui y, 24 años después, un jugador de la cantera del Celta acudirá a una cita mundialista. En su maleta de recuerdos le acompañaránsus pasiones: la pelota, su familia, el mar y unas espinilleras personalizadas en las que aparecen imágenes de su gente, su club y su familia.

Ya de la mano de Fernando Hierro, ha gozado apenas 31 minutos en los tres primeros partidos de la cita mundialista (14 contra Portugal y 17 contra Marruecos), pero su gol contra la selección norteafricana, con un taconazo de genio y la incertidumbre del VAR, ha permitido a la Selección clasificarse como primera del Grupo B y evitar a Brasil, Francia y Argentina por su lado del cuadro. El debate sobre su titularidad está permanentemente abierto.

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