Camp Nou
Mosaico del Barça-Madrid con la 'senyera' catalana. EFE

El FC Barcelona conquistó su vigésimo segundo título liguero, acortando a diez la brecha que le separa de las 32 Ligas que posee el Real Madrid, a falta de cinco jornadas para la finalización del campeonato. Un triunfo que viene calmar toda esa agitación generada por el tropezón de la Champions League ante el Bayern, un bofetón para toda la ilusión puesta en una ansiada octava final. Pero también un éxito que premia la bipolaridad de un Barça excelente en el arranque y demasiado irregular en las postrimerías. Y un galardón, acaso insuficiente ante su ambición continental de los últimos años, para los disgustos de las lesiones y, sobre todo, de otras enfermedades. La Liga, la única gran alegría deportiva de un curso bipolar, el primero sin Pep Guardiola en el banquillo.

Roura tomó el relevo de Vilanova y el equipo empezó a mostrar fisuras

Después de una primera vuelta del campeonato casi inmaculada, la segunda trajo a un Barça mucho más irregular al que le bastó con la inercia de su arranque y la adaptación ante un goteo de lesiones y recaídas (Piqué, Thiago, Alves, Villa, Adriano, Puyol hasta en cuatro ocasiones, Mascherano,...) o la discutida aportación de los fichajes (Alexis, fichado la pasada campaña; Song, fichaje del pasado verano).

Porque durante la primera vuelta, salvo por un empate en la Ciudad Condal contra el Real Madrid (1-1), el resto de compromisos ligueros culés fueron victorias. La mejor primera vuelta de la historia, gracias a sus 55 puntos. Y con 18 puntos de margen sobre el Madrid. Una brecha de seis partidos. La campaña, eso sí, había comenzado perdiendo la Supercopa frente al Madrid.

A mediados de diciembre, el día 19,  la entidad anunció que el técnico Tito Vilanova abandonaba su puesto de forma temporal como consecuencia de una recaída en el tumor que le fue diagnosticado y del que se trató el curso anterior, aún como segundo de Guardiola. El Barça, ya con Jordi Roura en su lugar desde la visita al Real Valladolid, gestionó bien los últimos tres compromisos ligueros de la primera vuelta y los octavos de Copa contra el Córdoba, pero pronto comenzaría a presentar fisuras, a acumularse algunas lesiones importantes y en el discurso de Roura a manar con cierta periodicidad las menciones a los arbitrajes.

La Liga, con inercia y velocidad de crucero

Un empate en la ida de los cuartos de final de la Copa contra el Málaga y la primera derrota liguera en el arranque de la segunda vuelta contra la Real Sociedad, a mediados de enero, fueron los primeros síntomas de la irregularidad con la que tendría que convivir la entidad culé en esta fase del campeonato liguero, sobre todo en febrero con el retorno de la Champions.

Entre los meses de enero y abril se han concentrado los peores resultados del curso, con dos eliminaciones

Entre finales de enero y el arranque de marzo llegarían dos empates (Valencia y Celta), la derrota liguera contra el Madrid, la eliminación copera precisamente ante los blancos y el apuradísimo pase en la Champions, en unos octavos que le exigió al Barça darle la vuelta al 2-0 con el que perdió en la ida ante el Milan. A comienzos de ese período, otra grieta, Víctor Valdés confirmó que no renovaría por la entidad. 

Fuera de la Copa, y manteniendo cierta velocidad crucero en la Liga, la andadura por Europa, una ruta con bajas sensibles, no terminaba de florecer. En los cuartos de final, de hecho, los azulgrana no pudieron derrotar al emergente París Sant Germain y durante la ida de esta eliminatoria, para colmo, los argentinos Lionel Messi y Mascherano se lesionaron. Un golpe al manantial de los goles y a uno de los cerrojos de su defensa. Con la lupa puesta sobre su Messidependencia, el Barça gestionó su ausencia con goleadas ligueras sobre equipos en la zona baja (Mallorca y Zaragoza), pero echó de menos su falta de minutos, su tibieza, en Múnich. Antes, y tras más de un año alejado de los terrenos de juego, el Campeonato Nacional de Liga volvería a ver al francés Eric Abidal, que regresó a una convocatoria a finales de marzo y volvió a disputar unos minutos contra el Mallorca, ingresando en un equipo titular frente al Levante. Otro superviviente, recaída incluida, a un tumor que le obligó a someterse a un trasplante de hígado.

El Barça suma otra Liga, pero deja la sensación de un agotamiento sin precedentes desde el vestuario hasta en una cúspide institucional en la que Sandro Rosell también ha conculcado su promesa electoral de no mezclar deporte y política. "El calendario ha sido terrible. Además de todas las competiciones, tenemos muchos internacionales por España. Hemos tenido la desgracia de tener muchas lesiones. Es cierto que hemos llegado un poquitín justitos", concluía Roura. Un épilogo para un Barça bipolar. El nuevo campeón de Liga.