Luis Enrique, amado u odiado... pero con los datos a favor: tres semifinales seguidas

Luis Enrique, en el patinete de la Selección.
Luis Enrique, en el patinete de la Selección.
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No deja indiferente a nadie Luis Enrique. Su carácter mordaz, en ocasiones soberbio, su difícil trato con la prensa y sus peculiares -y en muchas ocasiones polémicas- convocatorias y alineaciones hacen que sume incondicionales a su causa y detractores acérrimos en abundancia. Pero lo que no se pueden discutir son los datos: tres semifinales seguidas antes de su gran reto, el Mundial de Qatar.

No todo el mundo se acuerda, pero la andadura del seleccionador asturiano comenzó con la primera Liga de Naciones, la competición de reciente creación de la UEFA. Encuadrada de inicio en la Liga A por su buen ranking, Inglaterra y Croacia eran los dos rivales para lograr el billete para la Final Four.

El estreno de Lucho fue brutal, nada menos que con una victoria en Wembley ante Inglaterra (1-2). Después llegó el rotundo 6-0 ante toda una subcampeona del mundo, la Croacia de Luka Modric. La ilusión se desbordó, pero entonces llegaron dos duros palos: la derrota en Sevilla ante los ingleses y en Zagreb ante los balcánicos: España se quedaba sin semifinales y el técnico asturiano sufría su primer revés.

Poco después, Luis Enrique tuvo que abandonar la selección española por su tragedia familiar: la enfermedad y posterior fallecimiento de su hija. Robert Moreno tomó las riendas, pero unos meses antes de la llegada de la pandemia de coronavirus, en noviembre de 2019, el gijonés regresó a la Roja, no sin una agria polémica con el que fuera su segundo.

La segunda edición de la Liga de Naciones fue un espaldarazo para Lucho. En un grupo con la poderosa Alemania, la correosa Suiza y Ucrania, España logró el liderato a lo grande: con un histórico 6-0 ante los germanos en un estadio de La Cartuja vació. Sus primeras semifinales ya estaban en el bolsillo.

La Eurocopa fue un vavién de sensaciones, con un buen resultado final. Pese a las dudas en la primera ronda, con un empate ante Suecia (0-0) en el debut y otro ante Polonia (1-1), la goleada a Eslovaquia (0-5) dio el billete para los octavos de final.

En la primera eliminatoria, España superó a Croacia en un agónico y loco partido que se decidió en la prórroga (3-5) para pasar a cuartos de final. Y en esa fase otrora maldita para la Roja, se superó a Suiza aún con más sufrimiento: en la tanda de penaltis.

Italia fue el rival en las semifinales en Wembley, en un partido en el que España fue superior. Sin embargo, los transalpinos aguantaron y lograron forzar la tanda de penaltis. Esta vez, al contrario que en aquella inolvidable Eurocopa de 2008, la moneda cayó del lado italiano. El resultado se podía considerar como más que satisfactorio, pues España pusó unas 'semis' de un gran torneo nueve años después.

El siguiente reto fue la Final Four de la Liga de Naciones, con Italia como primer rival. Dos goles de Ferran Torres dieron una gran victoria ante los vigentes campeones continentales, y en la final esperaba la Francia de Benzema y Mbappé. En un apasionante duelo, cuando mejor estaba el equipo español, llegó el zarpazo del delantero del PSG: un polémico gol por un posible fuera de juego dejaba a la Roja al borde del éxito final.

Y en la tercera edición de la Nations League, de nuevo España pisa las semifinales. De nuevo Luis Enrique se reivindica. Sin hacer una fase de grupos brillante, dejando muchas dudas y con un juego poco convincente, la selección se metió en las semifinales gracias al gol de Morata en los instantes finales en Braga.

Cuatro torneos, tres semifinales, todas ellas de manera consecutiva. Esos son los irrefutables datos de Luis Enrique, los que nadie le puede discutir. En el Mundial quiere la cuarta... y algo más. Será su gran prueba. Sus defensores desean su éxito con más fuerza que nunca, sus detractores esperan con el cuchillo una mala actuación. Qatar dictará sentencia.

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