Sebastian Vettel se despide de Ferrari por la puerta de atrás y con rencor mutuo

Sebastian Vettel, en la rueda de prensa previa al GP de Abu Dhabi
Sebastian Vettel, en la rueda de prensa previa al GP de Abu Dhabi
EFE

Hay equipos deportivos donde el triunfo va implícito. Llegar a Los Angeles Lakers, al Real Madrid o a los New England Patriots te convierte en candidato a la victoria, no como opción, sino mandato. No todos los que han pasado por sus filas besan la gloria, lo que ahonda más aún en la sensación de fracaso cuando se cierra la puerta de salida. En la Fórmula 1, todos quieren llegar a Ferrari, pero no todos van a ganar con Ferrari.

Las cifras de Vettel en ferrari

  • Temporadas: 6 (2015-2020)
    Campeonatos: 0
    ​Subcampeonatos: 2
    ​Victorias: 14 (11,9% de las posibles)
    ​Poles: 12 (10,26%)
    Vueltas rápidas: 14 (11,9%)
    ​Podios: 55 (47,01%)

Algo así siente Sebastian Vettel. El tetracampeón sale de Maranello en dirección a Silverstone, donde se encuentra la sede del equipo Racing Point que en 2021 se convertirá en Aston Martin, con la certeza inequívoca de que no ha logrado lo mínimo exigible para un piloto de Ferrari: ser ganador.

Aterrizó en la escuadra italiana en 2015, para borrar la sensación amarga que había dejado el lustro sin títulos de Fernando Alonso, irónicamente, con él como principal culpable. Como le pasó al español con Red Bull, Vettel se encontró de bruces con la realidad que aún aplasta a la Fórmula 1: Mercedes había dado con la tecla de los motores híbridos (y los chasis, y los frenos, y...) y Lewis Hamilton se convertiría, eventualmente, en el piloto con los mejores números de la historia. Sin embargo, ¿se puede decir que ha sido fracaso como tal?

Catorce victorias (la última, y única de ese año, Singapur 2019), doce poles, catorce vueltas rápidas y 55 apariciones en el podio. Pero ningún Mundial. ¿Fracaso? Sí, para un piloto de Ferrari que aspiraba a todo.

La diferencia del paso de Alonso y el de Vettel: el factor Leclerc

Ferrari lleva esperando un sucesor de Michael Schumacher desde 2004. Son ya 16 años en los que, a excepción del one-hit-wonder de Kimi Raikkonen, último campeón de la Scuderia, han visto cómo no han vuelto a ser el equipo dominante. 

No salió bien con Alonso, que cerró cinco años sin títulos de rojo como no ha salido bien con Vettel, que se despedirá de la Scuderia con una temporada más y el mismo número de campeonatos: cero.

Sin embargo, y pese a las similitudes que tienen ambos, hay una gran diferencia. Mientras que Alonso siempre fue el líder indiscutido de la Scuderia, a Vettel le ha comido la tostada Charles Leclerc. La irrupción del monegasco, que ya en su primer año juntos hizo saltar chispas, acabó por hundir al germano, que se va con la sensación no sólo de haber fracasado, sino de haber perdido el estatus con el que llegó. Si fuera un valor financiero de la Bolsa, Vettel sería un activo muy devaluado.

Sólo hay que repasar la actual clasificación. A falta de la cita final en Abu Dhabi, Leclerc tiene 98 puntos y Vettel, 33. Si sumamos las dos temporadas que han pasado juntos, a falta de esa cita en Yas Marina, el joven monegasco ha conseguido 362 por 273 del alemán. El desastre en estas dos últimas campañas habla por sí mismo a la hora de analizar el rendimiento del germano.

Rencor hacia Mattia Binotto

Para llevar un barco que hace aguas a buen puerto hace falta un buen capitán, y si se añora a Schumacher como piloto, no menos a Jean Todt como jefe de equipo. Los sucesivos que han ido llevando la dirección de la Scuderia han ido claudicando, y salvo que cambie mucho la situación, el próximo puede ser Mattia Binotto. Carlos Sainz, quizá, estrene un nuevo jefe.

Desde que se rompió la cuerda a principios de año a colación de su renovación, Vettel nunca ha ocultado ni se ha mordido la lengua hacia el que, aún, es su jefe.

En la víspera de su despedida en Abu Dhabi, Vettel se despachó a gusto y lo hizo en la Gazzetta dello Sport, que no es un medio cualquiera en el seno de Ferrari. La relación entre él y Binotto, primero en la distancia y luego mucho más cercana, nunca llegó a ser buena. "Nos respetamos mucho, pero entre nosotros nunca estuvo ese tipo de amor que está en la base de las relaciones de cualquier tipo. Es un hombre pragmático. El tiempo nos dirá dónde estará en el futuro Ferrari llevada por él", dejó sobre la mesa, como un último puñal hacia el hombre al que culpa, en privado, de su forma de irse.

Una sensación que, por el lado de Binotto, tampoco es mucho mejor. De hecho, ya en los últimos tiempos, no se tapaba a la hora de calificarle como el "segundo piloto", algo muy humillante para un hombre de palmarés de Vettel. 

No se puede señalar a Vettel como único culpable de su fracaso, aunque sea el que lo sufra. En Ferrari, como en otros grandes equipos como los inicialmente citados, las relaciones personales son fundamentales. Ahí Binotto fracasó, y a veces las relaciones personales tienen tanta relevancia como los éxitos en pista. Sea la estrella Vettel, Alonso, Cristiano Ronaldo, Lebron James o el mismísimo Tom Brady.

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