
Weegee convierte en teatro el lugar del crimen y se ríe del espectáculo
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Weegee. Charles Sodokoff y Arthur Webber usan sus sombreros de copa para ocultar sus rostros, 1942. ©International Center of Photography. Archivos Louis Stettner, París.
Auténticos puñetazos visuales. Así es como definen los expertos la fotografía de Arthur H. Fellig (1899-1968). Conocido bajo el seudónimo de Weegee, este artista fue muy popular por las instantáneas de sucesos que realizó en el Nueva York de las décadas de 1930 y 1940.
Weegee trabajó como fotorreportero durante diez años y capturó imágenes de asesinatos, cadáveres, incendios o presos. Había muchos compañeros que compartían su mismo oficio, pero su sello siempre fue reflejar el modo en el que los espectadores contemplaban la escena del crimen o la tragedia que allí había acontecido.
Casi siempre eran composiciones que impactaban a los presentes y les hacía reflexionar no solo sobre el hecho en sí mismo, sino también sobre el modo en el que miraban. Figura imprescindible de la fotografía estadounidense de la primera mitad del siglo XX, en la segunda parte de su carrera sustituyó la ironía y el “espectáculo” de los sucesos escabrosos y violentos por una burla de lo espectacular del mundo hollywoodiense. Se reía de la fama efímera, de las multitudes que adulaban a los famosos y de su entorno, banal y mundano.
Es en esta última etapa en la que se centra la exposición Weegee. Autopsia del espectáculo. Una selección donde Fundación MAPFRE ofrece una nueva perspectiva de su trabajo y da coherencia a este cambio de punto de vista: mostrar la sociedad del espectáculo que por aquellos años se estaba desarrollando en los Estados Unidos.
Dividida en tres secciones, esta exposición presenta su trayectoria menos conocida, aquella que desarrolló entre los años 1948 y 1951 en Hollywood y se dirigía al mundo de la farándula. Fascinado por las multitudes, las captó en Coney Island, en una tranquila tarde de domingo en la playa o en las celebraciones en Chinatown por el final de la Guerra Mundial. También se fijó en las atracciones de feria, en el circo o en los cines, donde fotografiaba a los espectadores a oscuras, absortos ante la proyección de una película.
Weegee. Autorretrato con una cámara Speed Graphic, 1950.
©International Center of Photography.
Colección Friedsam.
Reflejo de las emociones ante una tragedia
Weegee nació en la ciudad ucraniana de Zolochiv. Descendiente de una familia judía inmigrante y pobre, abandonó la escuela a los 14 años para ayudar a su familia. Hasta ser fotógrafo, desempeñó varios oficios y fue en 1935 cuando empezó a trabajar por su cuenta como fotorreportero.
Dos años más tarde, firmaba con el seudónimo de Weegee, y en 1941, se unió a la Photo League, un grupo de fotógrafos independientes que luchaba por la justicia social y creía firmemente en la emancipación a través de la imagen.
Weegee. Accidente un día festivo en el Bronx, 1941.
©International Center of Photography.
Weegee era siempre uno de los primeros en llegar a la escena de un crimen, un incendio o un accidente de tráfico. Por aquel entonces, era el período de la ley seca y los ajustes de cuentas entre bandas eran frecuentes.
También se dedicó a retratar de forma muy expresiva a quienes salían de los furgones policiales tras una redada. En esa época era delito que un hombre se vistiese de mujer y algunos se esforzaban por taparse la cara, mientras que otros aprovechaban para bajar del furgón simulando salir a un escenario. Con sus “sátiras”, como las denominaba él mismo, el artista reforzaba la idea de que las relaciones sociales y el mundo en general se estaban convirtiendo en puro espectáculo.
Weegee. Hombre detenido por travestismo, Nueva York, 1939.
©International Center of Photography. Louis Stettner Archives, París.
Todas las noches a lo largo de diez años Weegee fotografió con flash la crónica de sucesos de la ciudad que nunca duerme y, sin olvidar sus raíces, también incluyó de forma paralela a las personas sin hogar en sus composiciones. Así, reflejó la discriminación racial y cotidiana de los más desfavorecidos, haciendo de sus fotografías auténticos documentos sociales y puñetazos visuales.
Crítica a los famosos y al espectáculo
El éxito en críticas y ventas cuando su obra formó parte de una exposición colectiva en The Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York le catapultó a Hollywood en 1948, donde trabajó como asesor técnico para la industria cinematográfica y en ocasiones también como actor. Además de fotografiar las fiestas, creó varias técnicas de trucaje fotográfico con las que caricaturizaba a famosos.
Cansado de las escenas de crímenes y asesinatos, pasó de la fotografía directa y de carácter documental a otra manipulada que requería tiempo en el laboratorio. Durante esta etapa se interesó por actores, cantantes, presentadores o figuras de la alta sociedad. Los capturaba de espaldas o en situaciones embarazosas, ya que su mirada a estos individuos no solía ser muy halagüeña; a pesar de ser él mismo famoso.
Weegee. La crítica, Nueva York, 1943.
©International Center of Photography.
Colección Friedsam.
Weegee. Durmiendo en el circo, Madison Square Garden, Nueva York, 1943.
©International Center of Photography.
Había veces que los deformaba a posteriori recurriendo a un caleidoscopio, al fotomontaje o a la exposición múltiple. Realizó lo que él mismo llamaba “fotocaricaturas”. Entre sus protagonistas se encuentran Egle Zacchin (una artista de circo saliendo disparada de un cañón a una velocidad de 100 metros por segundo), Marilyn Monroe, Charlie Chaplin o el presidente Kennedy.
Weegee. El mal fotógrafo, 1962.
©International Center of Photography.
Colección privada, París.
Weegee. Charlie Chaplin, 1950.
©International Center of Photography.
Alayans Studio para Fundación MAPFRE - Texto: Sara Cabrero







