
Paul Durand-Ruel, el galerista que defendió a los artistas de obras puras, sinceras y expresivas
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Henry Moret. Acantilado en La Hague (1912). Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie
Paul Durand-Ruel (París, 1831-1922) apoyó a aquellos artistas que continuaron con las técnicas del impresionismo pero que, a la vez, rompieron con los estándares académicos y practicaron una pintura que buscaba emocionar al espectador. Este coleccionista fue uno de los marchantes más relevantes de la escena cultural francesa y dedicó gran parte de su vida a la protección y defensa del arte moderno.
Galerista, coleccionista y uno de los marchantes más relevantes de la escena cultural francesa, Paul Durand-Ruel debe gran parte de su fama a su apuesta decidida por cinco jóvenes pintores postimpresionistas: Henry Moret, Maxime Maufra, Gustave Loiseau, Georges d'Espagnat y Albert André.
Fundación MAPFRE alberga hasta el 5 de enero una exposición que muestra la relación del marchante con todos ellos, así como la trayectoria artística de cada uno a través de una cuidada selección de pinturas.
La exposición Paul Durand-Ruel y los últimos destellos del impresionismo llega con el objetivo de acercar su obra, contextualizarla y ponerla en valor; y otorgar así a estos pintores el puesto que merecen en la historia del arte.
En ella se incluyen más de 70 piezas procedentes de colecciones particulares, algunas nunca antes vistas por el público, que recorren la trayectoria de cada uno de los artistas presentes en la muestra.
Tendencias innovadoras y alejadas del academicismo
Hasta la década de 1870, los Salones habían determinado el gusto y la moda de la sociedad francesa. Promovidos por la monarquía en el año 1737 para poner de relieve la implicación del rey en la protección y fomento de las artes, suscitaban el juicio y la publicación de críticas en los periódicos según las tendencias marcadas desde la burguesía.
Sin embargo, unas décadas más tarde, el mundo de las Bellas Artes se enfrentó a un número creciente de problemas con la proliferación de galerías independientes y marchantes de arte que organizaban exposiciones individuales y de grupo ajenas al Salón oficial. Uno de ellos fue la celebración de la primera exposición impresionista de 1874, inaugurada tan solo quince días antes que el Salón.
La muestra agrupó a una serie de artistas que querían mostrar su independencia respecto de los estándares del academicismo, lo que llevó a que sus obras fueran mayoritariamente rechazadas por el jurado del Salón.
A partir de este momento, se multiplicó la celebración de salones ajenos al oficial: el Salón de Artistas Independientes, la Société Nationale de Beaux-Arts, el Salón de Otoño... Iniciativas privadas que apoyaron a autores como Claude Monet, Camille Pisarro, Gustave Caillebotte, Paul Cézanne, Georges Seurat, Paul Signac o Pablo Picasso, y también a los cinco artistas a los que está dedicada esta exposición de Fundación MAPFRE.
La riqueza de este clima artístico tuvo sin duda un efecto liberador en todos ellos. Algunos fueron muy afines al impresionismo y al estilo del círculo de Pont-Aven, como es el caso de los paisajistas y marinistas Moret, Maufra y Loiseau; mientras que D'Espagnat y André despuntaron por las escenas de género, los retratos y la pintura decorativa cercana a los nabis, una corriente caracterizada por su preocupación por el color.
Confianza mutua y apoyo incondicional en subastas
La exposición cuenta con una sección que introduce la figura de Paul Durand-Ruel y arroja luz sobre sus relaciones profesionales y personales con los cinco protagonistas. El galerista fue uno de los primeros en entender que la confianza mutua era clave para que los mecanismos del mercado del arte funcionasen. De esta manera obtenía la exclusiva sobre el trabajo de los artistas, compraba en bloque su producción, mensualizaba sus ingresos, y les brindaba su apoyo en las subastas mediante la organización de exposiciones individuales y colectivas en sus galerías de París y Nueva York, y en otras sedes europeas y norteamericanas.
Fundación MAPFRE evoca este tipo de vínculos a través de un salón de finales del siglo XIX presidido por el retrato que Auguste Renoir hizo al marchante y las puertas que D'Espagnat decoró para el salón de su hijo Joseph, ya que después de su fallecimiento, en 1922, fueron las generaciones futuras quienes mantuvieron este compromiso hasta el cierre de la última de sus galerías, la de París, en 1974.
Pierre-Auguste Renoir. Paul Durand-Ruel (1910). Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie.
Gustave Loiseau
Algunas de las obras más tempranas de Loisseau se centran en la fuerza del color, en los tonos puros y en la simplificación del modelado, claro ejemplo de ello es Las rocas verdes. A lo largo de su trayectoria, Loiseau se inclina por los paisajes del río Sena y sus afluentes, de las costas de Bretaña o del Canal de la Mancha, siguiendo los pasos de los impresionistas; si bien evita la luz intensa del sol en los momentos centrales del día, ya que trabaja a horas tempranas o a la caída de la tarde.
Gustave Loiseau. Tournedos-sur-Seine (1899).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie.
Gustave Loiseau. Tréboul, bahía de Douarnenez (1913).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie.
Maxime Maufra
El paisaje costero de Bretaña y Normandía también se plasma en el trabajo de este artista. En sus composiciones, fuertemente estructuradas, en las que apenas aparece la figura humana, la mirada de Maufra se detiene con frecuencia en las rocas y el mar, dejando poco espacio al cielo. De hecho, su interés por los efectos de la luz y la elección de estos temas queda muy bien escenificado en Los tres acantilados de Saint-Jean-du-Doigt. Como heredero del impresionismo, su estilo también deriva más tarde en mostrar la sencillez de las costumbres y la pureza de la modernidad de París o de la de la vida bretona a través de las labores de pesca.
Maxime Maufra. Los tres acantilados de Saint-Jean-du-Doigt (1894).
©Musée des Beaux-Arts, Quimper.
Maxime Maufra. El barco en la costa, Morgat (1902).
Musée d’Art Moderne André Malraux-MuMa, Le Havre.
©MuMa Le Havre / Florian Kleinefenn.
Maxime Maufra. Fantasía nocturna. Exposición Universal de París de 1900 (1900).
Musée des Beaux-Arts, Reims. Legado Henry Vasnier, 11/1907.
©Christian Devleeschauwer.
Henry Moret
Moret dedicó la mayor parte de su carrera a las costas e islas de Bretaña. Su obra se distingue por su pincelada fragmentada y el empleo de colores planos y contornos definidos. En sus piezas se muestra atento a lo efímero, como son las transformaciones lumínicas a lo largo del día o las distintas tonalidades por el cambio de las estaciones. La isla de Groix o El puerto de Brigneau son buen ejemplo de sus intereses.
Henry Moret. La isla de Groix (1898).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie).
Henry Moret. Pescadores de gambas, Larmor-Plage (1889).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie.
Albert André
Hombre polifacético, Albert André fue pintor, decorador, dibujante, ilustrador y conservador de museo, además del primer biógrafo de Auguste Renoir. Alejado de la estética impresionista prefirió las escenas de género y la pintura decorativa, un interés que se manifiesta en una de sus obras más destacadas: Mujer con pavos reales, donde plasma una realidad que va más allá de lo visible gracias a la exaltación del color.
Con el paso de los años, su obra revela una inquietud más intimista, que se traduce en escenas familiares o de interior, tal y como se observa en Mujer aseándose. A partir de 1917, cambia el foco y se centra en paisajes mediterráneos y escenas de la vida cotidiana en las que predominan los verdes y rosas pastel, como se aprecia en El cenador.
Albert André. Mujer con pavos reales (1895).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie) / ©Albert André, VEGAP, Madrid, 2024.
Albert André. Mujer aseándose (1901).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie) / ©Albert André, VEGAP, Madrid, 2024.
Albert André. El cenador (1926).
Musée d’Orsay, París. Donación del conde Jean d’Alayer, 1954.
Photo ©GrandPalaisRmn (Musée d'Orsay) / Franck Raux. © Albert André, VEGAP, Madrid, 2024.
George d'Espagnat
Al igual que André, Georges d'Espagnat se inclinó por las escenas de género y los interiores. Pintor autodidacta, sus obras son fruto de un arte libre y lleno de fuerza, como se percibe en La locomotora. No obstante, con el paso del tiempo, su carácter se vuelve cada vez más decorativo, predominando los colores vivos e intensos en la línea de los nabis, como en Cala en Le Lavandou o Las riendas.
La paleta de D'Espagnat se atempera a finales del siglo XIX tras sus viajes al sur de Francia, donde visita con frecuencia a Auguste Renoir. Obras excesivamente estructuradas como Simone o La reprimenda, con pocas figuras y fondos simplificados, muestran este cambio.
George d'Espagnat. Cala en Le Lavandou (1899).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie. / ©Albert André, VEGAP, Madrid, 2024.
George d'Espagnat. Las riendas (1899).
Colección particular.
Photo Archives Durand-Ruel ©Durand-Ruel & Cie. / ©Albert André, VEGAP, Madrid, 2024.
Alayans Studio para Fundación MAPFRE - Texto: Sara Cabrero













