
Un dulce respiro repleto de historia, naturaleza y, por supuesto, palmeritas
Morata de Tajuña es el destino perfecto en el sureste de Madrid para curiosos, deportistas y golosos FOTO: ©Comunidad de Madrid
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Si la protagonista de Come, reza, ama hubiera viajado a Morata de Tajuña, habría podido hacer las tres en este pueblo, situado a tan solo 15 minutos de la capital. Primero, habría comido las famosísimas palmeritas que la han convertido en la localidad más dulce de la Comunidad de Madrid. Luego, habría podido rezar y reflexionar en la iglesia y ermitas que conforman su rico patrimonio. Y, por último, habría amado sus campos regados por el río Tajuña y sus calles en las que parece que el tiempo pasa más lento.
Morata de Tajuña se encuentra en el sureste de Madrid, dentro de la Comarca de Las Vegas. Destaca por sus atractivos medioambientales, gastronómicos, arqueológicos y culturales, y se encuentra alejada de las rutas turísticas más masificadas.
El corazón de Morata de Tajuña
La visita a Morata de Tajuña comienza en la Plaza Mayor, presidida por la Casa Consistorial, que alberga la sede del Ayuntamiento. El edificio data de finales del siglo XIX y lo corona una torre con un reloj de características muy similares a las de la Puerta del Sol.
Seguimos la ruta por el corazón de Morata hasta llegar a la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, una joya del patrimonio histórico y artístico madrileño. Su campanario preside la vega del Tajuña, siendo referencia visible que sobresale en el paisaje. Es un templo renacentista del siglo XVI, y durante la Guerra Civil, la iglesia fue incendiada y parcialmente destruida. En los años 40, todo el pueblo colaboró en su restauración y remodelación.

También, es imprescindible visitar sus ermitas. Cada una tiene su propia leyenda, según nos cuenta Alberto Villalba, concejal de cultura y turismo de Morata de Tajuña. La primera de ellas es la que recibe el nombre de su patrona, Nuestra Señora de la Antigua y está rodeada de un frondoso jardín que invita al descanso y a la reflexión.
Sin embargo, no siempre fue así: "En el siglo XVII, la ermita estaba dedicada inicialmente a San Sebastián", explica Villalba. "Un temporal la deterioró gravemente. En ese momento, Morata de Tajuña pertenecía al Marqués de Leganés y Conde de Altamira. Cuando visitó la villa acompañado de su hijo para conocer de primera mano los efectos de la tormenta, el niño encontró entre los escombros de la ermita la imagen de una Virgen que parecía 'antigua'. Desde entonces, la ermita pasó a estar consagrada a la Virgen de la Antigua, patrona de Morata de Tajuña".
La del Cristo de la Sala, aunque parece sencilla, también tiene su historia: "Por fuera parece un edificio normal, pero si te fijas en la vidriera, se ve la cruz. En su época era una fábrica de yeso. Un día llegó un vagabundo buscando refugio y dibujó la cara de Cristo. Al día siguiente, se marchó y los obreros la borraron con el yeso. Pero la cara volvió a salir. Al día siguiente, la volvieron a borrar, pero volvió a aparecer, y por eso la bautizaron como ermita del Cristo de la Sala".
El edificio de la familia MacCrohon también es una parada indispensable, una imponente casa-palacio del siglo XIX. Actualmente funciona como Casa de la Cultura y salón de actos. En el Museo de la Molinería es protagonista el Molino de la Huerta de Angulo, que durante siglos suministró harina a los pueblos de Las Vegas de Madrid.
El corazón de Morata de Tajuña está formado por su rico patrimonio: la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, sus ermitas, la Plaza Mayor, sus museos...
La Batalla del Jarama en Morata de Tajuña: historia viva
Para los amantes de la historia, Morata fue escenario de la Batalla del Jarama de la Guerra Civil. Por eso, cuenta con su propio Museo de la Guerra Civil y Posguerra, uno de los pocos museos de España dedicados a este episodio de nuestra historia. Asimismo, hay rutas que recorren los restos de este conflicto en diferentes zonas del frente. Además, en febrero, tienen lugar las Jornadas de la Batalla del Jarama, en las que Morata viaja en el tiempo para recrear cómo vivían los soldados, los protocolos de cada ejército y la tecnología de la época.
"El objetivo de todo esto es recordar nuestra historia y aprender de ella para no volver a repetirla".

"La Batalla del Jarama se desarrolló del 6 al 27 de febrero de 1937 y fue decisiva para ambos bandos. La capital de la República se trasladó de Madrid a Valencia, y por eso los nacionales querían cortar con la A-3, para evitar que llegaran suministros, y cruzaba por aquí, en Morata de Tajuña", explica Alberto Villalba. "El objetivo de todo esto es recordar nuestra historia y aprender de ella para no volver a repetirla", añade.
La Vía Verde del Tajuña: antigua vía del tren
Morata de Tajuña es un respiro de aire fresco en plena naturaleza. Los amantes del senderismo o del ciclismo pueden disfrutar de la Vía Verde del Tajuña, un itinerario natural que coincide parcialmente con el trazado del Camino de Uclés. En total, son 49 kilómetros que recorren gran parte de la vega del Tajuña.
La Vía Verde está cerrada al tráfico y cuenta con zonas de descanso repartidas por el recorrido, entre ellas, los miradores del Bosque y del Balcón de Pilato, que ofrecen unas inmejorables vistas de la vega de Morata. También pueden disfrutar de ella quienes simplemente deseen un simple paseo por los alrededores del pueblo. Incluso, cuenta con acondicionamiento para personas con movilidad reducida.
"Lo curioso de este sendero es que recorre la antigua vía del ferrocarril del Tajuña, siguiendo el mismo trazado de aquel tren, desde la Jara, uniendo Morata y su vega entre sí y llegaba hasta Arganda", cuenta Villalba.

La Vía Verde del Tajuña coincide con el trazado del Camino de Uclés y son 49 kilómetros que recorren gran parte de la vega del Tajuña.
El pueblo más dulce y la huerta de Madrid
Y sí, Morata de Tajuña es conocida es sobre todo por sus palmeritas. "Somos el pueblo más dulce de la Comunidad de Madrid", recita Villalba su eslogan. Y, aunque se rehúsa a revelarnos el secreto de por qué estos dulces son tan especiales y qué las diferencia de otras palmeritas, nos da una pista: el almíbar del que se elabora su jugosísimo hojaldre.
Sobre el origen de su popularidad hace medio siglo, nos cuenta que vino de algo tan típico y antiguo como el boca a boca: "Antes de las redes sociales, así funcionaba todo". Así, hasta dedicarle su propia Feria de la Palmerita, que este año está prevista para el 13 y 14 de diciembre de 2025.

Pero, en caso de que no podamos visitar el pueblo en estas fechas, no hay que preocuparse, ya que podemos encontrar este producto estrella en cualquiera de sus siete históricos obradores, cada uno con su esencia: Real, La Torre, Panificadora Morateña, Pastelería Conejo, La Dulcería, El Obrador del Carmen y PacoPan. "Empezaron con el glaseado típico, el chocolate, luego el chocolate blanco, innovaron con los sabores y ahora tienen de todo: de pistacho, de fresa, de galleta... de todo lo que se les ocurra".
Y, Morata de Tajuña no solo es "el pueblo más dulce", la vega de Morata es conocida como la Huerta de Madrid por sus verduras y aceite. Por supuesto, no nos podemos ir sin probar sus gachas camperas, para irnos con el estómago contento.
Cómo llegar a Morata de Tajuña
Así que, si queremos comer bien, encontrar un espacio para tomarnos un respiro y rezar o reflexionar, y amar los paisajes naturales de la vega madrileña, Morata de Tajuña se encuentra a tan solo 38 kilómetros de la capital y es todo un destino para descubrir.
La mejor opción si viajamos en nuestro vehículo propio es tomar la autovía A-3 de Valencia y desviarse en la salida 21 de Morata-Chinchón, que enlaza con la M-311, o la salida 28, para tomar la carretera M-313, que lleva directamente a Morata.
En cuanto al transporte público, las líneas de autobús que llegan al municipio son la 337 y la 336, que salen de Conde de Casal. Además, el municipio está conectado con Rivas-Vaciamadrid, Arganda del Rey y Perales de Tajuña por la línea 330.