
Enoturismo para disfrutar de los Vinos de Madrid
Más allá de la capital
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La Comunidad de Madrid cuenta con denominación de origen propia desde 1990 y más de 8.000 hectáreas de viñedos repartidos en cuatro subzonas: La D. O. Vinos de Madrid se organiza en cuatro subzonas: Arganda, San Martín de Valdeiglesias, Navalcarnero y El Molar.
Hay algo que es tan castizo como la calle de Alcalá y que pocas personas conocen: los Vinos de Madrid. "Cuando uno piensa en Madrid (sobre todo, el turista que viene de fuera y, a veces, el propio madrileño), se le vienen a la mente la Puerta del Sol, el Museo del Prado... Pero también tenemos unos pueblos magníficos, con unos paisajes preciosos donde se producen vinos muy buenos y variados", explica Francisco José García Paredes, presidente de la Asociación Madrid Rutas del Vino y propietario y gerente de Bodegas y Viñedos Pedro García, de Colmenar de Oreja.
La Comunidad de Madrid cuenta con más de 8.000 hectáreas de viñedos y una denominación de origen propia desde 1990. La D. O. Vinos de Madrid se organiza en cuatro subzonas —Arganda, San Martín de Valdeiglesias, Navalcarnero y El Molar—, cada una marcada por sus suelos, clima y altitud. "No tiene nada que ver la sierra con la zona de Las Vegas. Mantener viñedos al lado de esta gran ciudad es magia, el agricultor hace magia casi", añade García Paredes.
La Comunidad de Madrid cuenta con más de 8.000 hectáreas de viñedos y una denominación de origen propia desde 1990
Además, desde 2016, la región cuenta con un programa de enoturismo que permite descubrir estos territorios a través de rutas, visitas a bodegas y experiencias que combinan vino, gastronomía, patrimonio y naturaleza para todo tipo de planes, desde escapadas con amigos, fines de semana románticos o programas para empresas.
Arganda, tintos frutales y blancos aromáticos
La subzona de Arganda es la más extensa de la D. O. Vinos de Madrid. Concentra el 55,5% de los viñedos madrileños y suma el 60% de la producción anual, con un total de 31 municipios y 28 bodegas adscritas en la D.O. Según indica García Paredes, "los vinos reflejan el carácter de una tierra seca y de suelos calizos y arcillosos".
En los tintos domina el tinto fino, que da lugar a vinos equilibrados y frutales, mientras que la malvar protagoniza unos blancos aromáticos, con notas de fruta blanca como la manzana y la pera. Pero, más allá de beber buen vino, la zona, bañada por los ríos Tajuña y Henares, ofrece un sinfín de parajes naturales perfectos para disfrutar del turismo de naturaleza y municipios llenos de patrimonio e historia.
La subzona de Arganda es la más extensa de la D. O. Vinos de Madrid. Concentra el 55,5% de los viñedos madrileños y suma el 60% de la producción anual, con un total de 31 municipios y 28 bodegas adscritas en la D.O.
Una de sus bodegas históricas es la de Pedro García, en Colmenar de Oreja, fundada en 1931 y por la que han pasado tres generaciones. Sus cuevas centenarias datan del siglo XVII y pueden visitarse con cata incluida. Imprescindible completar la visita con un paseo por el casco histórico de la ciudad, declarado conjunto histórico-artístico por la Comunidad de Madrid.
Otra visita recomendable es a las Bodegas Licinia, en Morata de Tajuña, una bodega moderna —las primeras viñas se plantaron en el año 2005— situada a los pies de un castillo. También, en el centro histórico de Chinchón se encuentra la Bodega del Nero, y, en la propia Arganda del Rey, la Vinícola de Arganda.
San Martín de Valdeiglesias, vino, estrellas y caballos
En el entorno de la sierra de Gredos y el valle de Alberche, se encuentra San Martín de Valdeiglesias, que abarca nueve términos municipales en los que se reparten 18 bodegas inscritas en la D.O. Con un 25% de la producción total y el 15% de los productores, agrupa el 22% del viñedo.
Los suelos graníticos, la altitud y un clima más fresco dan lugar a vinos con una personalidad diferente. "La garnacha tinta es la gran protagonista de los tintos, caracterizados por su carácter frutal y frescura. En los blancos destaca el albillo real, una variedad tradicional que da vinos aromáticos y con personalidad", aclara García Paredes.
San Martín de Valdeiglesias abarca nueve términos municipales en los que se reparten 18 bodegas inscritas en la D.O. Con un 25% de la producción total y el 15% de los productores, agrupa el 22% del viñedo
La zona reúne algunas de las experiencias enoturísticas más singulares de Madrid, desde catas de vinos extraídos directamente de las barricas en la Bodega Valleyglesias, a escasos kilómetros de la frontera con Castilla y León, hasta visitas a viñedos de uva garnacha en Las Moradas de San Martín, donde hay opción de visita nocturna para acompañar la cata con el plan de observar las estrellas acompañado de un experto.
Cerca de esta, se encuentra Tierra Calma, otra de las bodegas más conocidas de la zona. Además, para los aventureros, la Bodega Cristo del Humilladero permite acompañar la tradicional cata y ruta por la bodega con un paseo a caballo previo en el valle.
Navalcarnero, largo pasado vitivinícola
Al suroeste de la capital, entre los ríos Guadarrama y Perales, se encuentra Navalcarnero, una zona de larga tradición vitivinícola. Sus vinos están ligados especialmente a la garnacha y el tempranillo, con tintos de perfil frutal y equilibrado, además de rosados.
La visita puede combinar patrimonio y vino en el casco histórico de Navalcarnero, donde bodegas como Muñoz Martín conservan antiguas cuevas y formas tradicionales de elaboración. Bodegas Andrés Díaz es otra de las referencias históricas de la zona.
El Molar, recuperar la tradición
La más joven de las cuatro subzonas de la D.O. Vinos de Madrid fue reconocida en 2019. Situada al norte de la región, cuenta con viñedos de altura y suelos de granito y pizarra que dan carácter a sus vinos. La garnacha tiene un papel destacado entre los tintos, mientras que la malvar protagoniza buena parte de sus blancos.
El Molar cuenta además con una tradición vitícola de siglos, con referencias históricas que se remontan a la Edad Media. Algunas iniciativas actuales, como Tinta Castiza, trabajan en la recuperación de viñedos y métodos tradicionales, y bodegas como Viña Bardela, en Venturada, o Cueva de Lobos, permiten conocer la evolución de esta zona.
A un paso de la capital: el impacto del enoturismo
Aunque la D.O Vinos de Madrid es una de las más jóvenes de España, con apenas 35 años de historia, el interés por el enoturismo en la región no ha dejado de crecer durante la última década. Desde Enoturismo de Madrid, García Paredes destaca que "cada vez son más los madrileños que descubren el patrimonio vitivinícola de los viñedos, bodegas, cuevas y pueblos con una marcada tradición ligada al vino a pocos kilómetros de la capital".
También, son muchos los turistas nacionales e internacionales que aprovechan su visita a la capital para alargarla unos días y recorrer estos pueblos. Este crecimiento tiene un impacto directo en el desarrollo económico y empleo de estos municipios rurales, ya que genera actividad en restaurantes, alojamientos rurales y pequeños comercios y empresas locales. Además, la visita a la bodega siempre suele ir acompañada de la compra de productos de la zona como quesos, aceites, miel o dulces.
Asimismo, las ferias y eventos vinculados al vino que se celebran en estos municipios se han convertido en una herramienta fundamental para dar visibilidad al sector y acercar la cultura vitivinícola al gran público. Entre estas citas destacan Cadalvín, en Cadalso de los Vidrios; la Feria del Vino y del Producto Local de Colmenar de Oreja y la Feria de la Huerta y el Vino de Villa del Prado, entre otras.
Estos encuentros permiten a bodegas y productores presentar sus vinos directamente a los consumidores, pero también funcionan como un escaparate del patrimonio histórico, cultural y gastronómico de cada localidad.
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