Borja Terán Periodista
OPINIÓN

El aprendizaje de Carlos Tena que nos está pasando desapercibido

  • TVE ha estrenado un documental sobre la figura del periodista musical en el aniversario de su fallecimiento.
  • Somos seres teatrales
Carlos Tena.
Carlos Tena.
RTVE
Carlos Tena.

Carlos Tena ya tiene su Imprescindibles. La 2 lo ha estrenado este fin de semana con motivo del primer aniversario del fallecimiento del periodista, crítico musical y uno de los rostros más populares de la segunda cadena en los ochenta. Dirigido por Pilar Ávila y Raúl de Andrés, el documental ha sido retrato preciso y precioso de la persona y, también, del personaje. Porque si nos ha acordamos de Carlos Tena es porque entendió que no sólo bastaba con informar, también era esencial cómo se narraba la información. Y él se atrevía a jugar con el sarcasmo que permite pillar por sorpresa la complicidad de la audiencia. E incluso hacer más atractivos contenidos que podían pasar sin interés.

La travesura siempre es aliada para generar ese vínculo de cercanía entre público y televisión. Más aún en aquellos años setenta y ochenta en los que los del oficio de la comunicación se empezaban a percatar de que engolar estaba sobrevalorado. La espontaneidad era necesaria. La naturalidad de la alegría era la mejor transgresión de una sociedad que empezaba a tener claro lo que no quería ser.

A diferencia del show comercial Aplauso en La 1, desde la segunda cadena PopGrama, Caja de ritmos o Auanbabulubabalambambú trataban la música desde esa mirada más amplia que permite la libertad de las carreteras secundarias. Lo hacían con su arte para la ironía, con su creatividad que no olvidaba que la tele es liturgia escénica. No sólo hablar a cámara.

Aunque hay otra clave de la trayectoria de Carlos Tena que muestra con destreza el documental y que no puede pasar inadvertida. De hecho, esta cualidad debería guiarnos desde ya mismo, especialmente a la televisión pública: su capacidad para dar foco a los talentos que no están en la maraña de las tendencias de la mercadotecnia. Porque la televisión debe atesorar la curiosidad e intuición suficientes para que no se quede nada de la cultura sin documentar y sin radiografiar. En cambio, en la tele de hoy,  primamos a menudo aquellos personajes de moda, ya sea porque triunfan en el aplauso de las redes o porque cuentan con inversión de promoción. También en el lado más alternativo de TVE, lo vemos en Late Xou. La búsqueda de audiencia instantánea nos arrastra a todos. Y todo lo que nos estamos perdiendo. Porque encontrar requiere tiempo. 

Esa competitividad constante por clic, que deja fuera a la rica cultura que nos alimenta pero que no es viral, famosa o polémica, puede ir unida a la civilización del consumo de usar y tirar. Elegimos el reclamo inmediato, que es tan puntual como efímero, cuando la fidelidad del espectador de un canal como La 2 se construye con el disfrute del descubrir. La fidelidad de acudir a un programa siempre porque sabes que te va a aportar una experiencia auténtica independientemente de su invitado del día. No es fácil tal cosa en la prisa que vivimos y en la manera trepidante que procesamos los contenidos de los actuales medios de comunicación en los que, como consecuencia, todo se parece demasiado. Pero, desde luego, entrelazar creatividad, información y atrevimiento es el camino que TVE debería tomar todo el rato. O, al menos, intentarlo. 

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