La grieta se abrió el pasado 12 de junio, cuando el Real Madrid anunció la contratación de Julen Lopetegui. Una corriente de opinión señaló que el seleccionador debía ser destituido por "no estar centrado en el proyecto". Otros, entre los que me incluyo, que había que darle normalidad a una situación con precedentes recientes, como cuando Louis van Gaal firmó por el Manchester United antes del Mundial de Brasil, donde los Países Bajos debutaron ganando 5-1, precisamente, a la Selección española.

Se dijo que el equipo blanco no miró por los intereses de España. Obviamente, ni lo hizo ni debe hacerlo, ya que es una institución profesional y vela por los suyos. La ética es otra cuestión, pero la inmediatez del Mundial y el trabajo de Lopetegui en el banquillo de la selección obligaba a mirar hacia otro lado. Rubiales, recién llegado a la Federación, decidió dar un golpe sobre la mesa y crear una crisis donde no la había.

A veces hay que morderse la lengua por el bien colectivo. No sabemos qué habría ocurrido, pero seguro que habría ocurrido de otra forma. Se puede poner el foco sobre los futbolistas o sobre Hierro, que por supuesto tuvieron toda responsabilidad a partir del 13 de junio, pero la realidad es que el trabajo de dos años se tiró por el retrete. Lopetegui se podría haber equivocado, pero lo habría hecho con el sentido que da pensar durante 24 meses. Un mal líder.