Érase una vez una Bella Durmiente que solo despertaba para acercarse al pueblo vía decretazo. Habla la leyenda de un pitufo gruñón que perdía amigos a la vez que votos. Recuerdan los sabios a aquel Pulgarcito que marcaba su camino antes de empezarlo y al final siempre se perdía. No se olvidan por aquellos lares de aquel gato que estrenó botas y soltaba patadas, día sí, día también. Y tiemblan los viejos recordando aquel cachorro que mutó en lobo verde y se zampó a la abuela.

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