Madrid es la ciudad de las mujeres que cuidan, de las que dirigen empresas, las que se mueven en metro, las que van andando, las que deciden tener hijos, las que deciden no hacerlo, las que se casan, las que no se casan. Somos más de la mitad de la población de Madrid y todas estamos atravesadas por la desigualdad; aunque en muchas confluyen más causas de discriminación. La diversidad sexual, la funcional, de origen o etnia... todas estarán presentes este 8 de marzo.

Este día, nos juntaremos con nuestras amigas y, a la vez, con decenas de miles de mujeres muy diferentes, con las que compartimos algunas cosas y otras no. Pero a todas nos une el convencimiento de que es posible construir una sociedad en las que todas y todos tengamos los mismos derechos reales y las mismas oportunidades de ser y vivir como cada cual decida. La inmensa mayoría de la sociedad, independientemente del partido al que vote, así lo desea.

Todas queremos que nuestros hijos e hijas, nietas y nietos, puedan construir en común, que se relacionen emocionalmente desde el respeto, que amen y sean amados respetuosamente. Todas queremos soñar que podrán elegir libremente sus profesiones, todas queremos para ellas y ellos las mismas oportunidades. Esa es la lucha del feminismo, en la que participamos y nos vemos reflejadas millones de mujeres en el mundo.

Porque la realidad es que la brecha salarial existe, que la violencia de género existe y que la preocupación social por estas cuestiones crece. Según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, el 90,57% de las excedencias por cuidado las solicitan mujeres. La falta de corresponsabilidad de los hombres, la obligatoriedad de aceptar jornadas parciales y una diferencia acusada en complementos salariales existen.

En estas circunstancias, el movimiento feminista convoca una huelga general, por la que yo he vaciado mi agenda. Y lo haré también por las que no pueden, por aquellas a las que la precariedad o la falta de empleo se lo impide.

Necesitamos que los hombres también os impliquéis. Este 8 de marzo os toca asumir los cuidados que ese día no asumiremos las mujeres y, si podéis, acompañarnos en la manifestación, en esta lucha, que evidentemente no es una batalla de mujeres contra hombres, sino de personas que creen en un futuro compartido. Vivamos la alegría de sentirnos juntas, la emoción de seguir avanzando, otro año más, hacia la igualdad.