La gente de buena voluntad ha escuchado los titulares del comunicado de ETA con la mejor intención. Pueden imaginar que, muy especialmente, me habría gustado un acto sincero por parte de los restos de la organización terrorista.

Porque mucha gente buena arrastra el pesar y tiene un duelo por cerrar. Imaginen qué duro es saber que ante el asesinato de un niño de dos años, la dirección de ETA indicó a sus comandos: "La vida de nuestros luchadores vale cien veces más que la de un hijo de un txakurra [perro]". Sí, ETA aterrorizó a familias y asesinó a niños y niñas, sin pudor. A jubilados, a familias enteras. Dejó parapléjicos y niños ciegos que eran solo bebés. Por eso es tan importante cerrar bien el pasado. Y eso comienza con un comunicado sincero.

Sin embargo, ETA solo ha pedido perdón a una parte de las víctimas, y además hay excusas para no asumir que entendieron su amor a la identidad vasca de forma fanática y excluyente, persiguiendo a los que no vemos la realidad como ellos.

La hoja de ruta de ETA marca un arrepentimiento parcial y táctico que encoge el estómago. De hecho el motivo es que inicia a lo grande una gran campaña de marketing político. Para entenderlo hay que tener en cuenta que tuvo y sigue teniendo un partido político de apoyo. Lo que buscan es promover la imagen pública de Otegi, favorecer sus opciones electorales sin que tengan que asumir que no hubo nunca justificación para perseguir y matar. Para entender esto solo hay que asomarse a los datos: el 90% de los asesinatos los perpetraron durante el periodo democrático tras la amnistía por la que todos los etarras salieron de las cárceles entre 1977 y 1978.

Hay otro motivo para el comunicado, y es presionar en favor de los etarras que cumplen condena. ETA no ha permitido en estas décadas que sus presos pidieran la progresión de grado. Ahora lo va a permitir, lo que aliviará su condena, pero no se conforman con eso. Tampoco se conforman con entrar en procesos de reinserción, porque no quieren colaborar con la justicia en resolver más de trescientos asesinatos.

En realidad, las víctimas son lo que menos importa del comunicado. Lo digo con pesar. Pero como ahora no pueden atemorizar, no pueden matar, puedo pedir que seamos millones quienes exijamos una condena de la historia del terror rotunda y sin excusas, sin justificaciones absurdas. Por todos nosotros, pero también por ellos, porque la vergüenza moral devuelve la humanidad de fondo, no solo de apariencia.

Está en marcha una gigantesca operación de imagen en el sur de Francia, con una escultura que nos hace daño a la vista. Con homenajes a los etarras que salen de la cárcel, como si fueran héroes. Todo cuidadosamente planificado para que saquen rédito político. Se aprovechan de nuevo de las víctimas, para aparentar lo que no hacen.