España estaba llamada a ser una potencia en energías renovables por las condiciones climatológicas y geográficas y por el desarrollo pionero que tuvo lugar a principios de este siglo en diferentes tecnologías. Pero esta potencialidad ha quedado truncada en los últimos años.

Mientras en 2016 las renovables avanzaron de forma imparable en el mundo, en España tuvimos otro año de parón renovable. Un lustro ya de políticas anti-renovables que han conseguido abortar el progreso de la transición energética en nuestro país. 

Un parón renovable que deja cifras de escándalo. En 2016 Reino Unido instaló 37 veces más potencia solar que España y llovía sobre mojado; en 2015 Gran Bretaña instaló más de 70 veces la potencia solar que se instaló en nuestro país.

Se ataca, además, a un sector especialmente interesante desde el punto de vista económico. El sector de las energías renovables redujo nuestra balanza comercial en 2.500 millones de euros e invirtió en innovación tecnológica tasas superiores a otros sectores. Si, además, tenemos en cuenta que evitó importaciones energéticas por valor de casi 7.000 millones de euros y que ahorró 423 millones en emisiones de CO2 es imposible explicar las políticas tan adversas que se están aplicando.

En 2016 perdimos no solo una oportunidad económica sino también liderazgo e influencia en política internacional. En un informe reciente de Carbon Market Watch sobre los esfuerzos que hacen y quieren hacer los países de la Unión Europea para combatir el cambio climático, España se presenta como uno de los países que menos esfuerzos realiza.

Un caos de política energética que a final de año generó una tormenta perfecta. El Gobierno constituido reconoce en un invierno crudo que la ausencia de viento y lluvia hace subir de manera importantísima los precios de la electricidad. Rajoy admite que la contribución de las renovables abarata el precio de la electricidad.

Si con el ataque a las renovables se impide la transformación energética y del sistema productivo en España, se retrasa la lucha contra el cambio climático y se pierde influencia internacional y, además, a la larga se encarece la factura energética de la población española. ¿A qué intereses entonces ha servido nuevamente el parón renovable?