ESO, mejor quitar el título

JULIO CARABAÑA. FACULTAD DE EDUCACIÓN-CFP,UCMOPINIÓN
Julio Carabaña.
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Leo y no salgo de mi asombro.  Es noticia no una ley, ni un decreto, sino un borrador de proyecto de real decreto. ¿De qué trascendental materia trata la futura decisión del Gobierno? De si para obtener el título de ESO basta con tener menos de tres asignaturas suspensas o de si es además necesario tener una nota media de 5, es decir, compensar los suspensos con otras asignaturas. ¡Crucial asunto! Las opiniones, por supuesto, polarizadas: la derecha está a favor del cinco, la izquierda en contra.

Si Ud. no consigue ver la importancia de este asunto del 5, puede usarlo como un sencillo test de ideología política. ¿Es Ud de derechas o de izquierdas? Si está a favor del 5 es de derechas, si está en contra de izquierdas. Luego vienen los grados. Si, por ejemplo, usted no solo está a favor del cinco, sino que le parece lógico que para obtener un título hay que aprobar todas las asignaturas, como toda la vida, usted es además reaccionario;  y si se le ocurre pensar que si pueden sacar el título suspendiendo asignaturas habrá alumnos que las elijan desde el principio del curso y no trabajen en ellas, usted debe de estar andar cercano a la extrema derecha. Por el lado de la izquierda, si además de no ver necesario el 5, cree que muy riguroso lo de dos asignaturas suspensas y prefiere dejar a los equipos docentes la  posibilidad de ampliarlo a tres, entonces es usted tan progresista como la LOE,  la ley aprobada en 2006 con mayoría socialista en el Congreso. ¿Sería más de izquierdas rebajar aún más las exigencias, por ejemplo, dar el título a los alumnos que aprueben solo una asignatura?  Bueno, tampoco hay que ser pasarse, al otro lado nadie exige sacar sobresaliente en todas las materias.

En mi opinión, lo mejor sería suprimir el título. ¿Para qué sirve el título?  Básicamente, para dividir a los alumnos en dos categorías; los titulados pueden seguir estudiando, Bachillerato o Formación Profesional;  los 'fracasados' no pueden, a menos que repitan hasta conseguir el título. Del título vienen las altas tasas de repetición y de abandono escolar temprano; el título produce la proliferación de dispositivos que lo faciliten sin que parezca que se regala, como las diversificaciones curriculares, la FP básica, o esta discusión en torno al cinco y a las asignaturas suspensas. Sería mucho más sencillo que la escuela fuera obligatoria hasta los 16 años, y que a esa edad los alumnos recibieran un certificado de su expediente académico. Como ahora, unos alumnos aprenderían más que otros, pero no habría un punto de corte entre el éxito y el fracaso y nadie repetiría curso para intentar superarlo.  No se prohibiría a nadie seguir estudiando, lo que probablemente obligaría al gobierno a ampliar un poco la variedad de la oferta actual. Para evitar elecciones disparatadas bastarían los servicios de orientación.  Y, lo que no es menos importante, habría una cosa menos que pactar.

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