Según el CIS, un 10% de los españoles ha recurrido alguna vez a la "medicina alternativa" y sólo el 59,5% se muestra escéptico respecto a esas perniciosas prácticas, lo cual indica que el 40,5% de nuestros conciudadanos puede ser blanco de esos embaucadores. Peor todavía: el 18,8% de los españoles cree que esos inventos "curan enfermedades y dolencias para las cuales la medicina convencional no funciona" (sic). El CIS nos informa también de que el 63,7% de los usuarios conocieron estas prácticas a través de amigos y conocidos y, peor aún, al 32,4% le fueron recomendadas por médicos y/o enfermeros.

Quizá el más popular de esos embustes sea una vieja patraña llamada homeopatía. A finales del siglo XVIII, un médico alemán, Samuel Hahnemann, decidió que se podía encontrar una sustancia que indujera los síntomas de una enfermedad en un individuo sano para, después, usar esa sustancia para curar la enfermedad.

Hahnemann siempre declaró ser un completo ignorante de los procesos fisiológicos. Claro que en los tiempos de Hahnemann la medicina convencional consistía en sangrías, purgas y otras malas prácticas ineficaces y peligrosas. Lo verdaderamente milagroso es que sin prueba científica alguna la homeopatía y sus diluciones sigan teniendo hoy millones de creyentes.

¿Cómo han lidiado los homeópatas con todos los nuevos conocimientos que ha descubierto la ciencia médica desde el siglo XVIII? Pues diciendo que "el agua tiene memoria". Y uno se pregunta: ¿cómo sabe una molécula de agua tratarme un hematoma gracias a su memoria del árnica, y no por el recuerdo que conserve de las heces de cualquier paisano?

¿Y qué decir de las dietas milagrosas? En internet y en las revistas dizque femeninas proliferan estas dietas. Tiene su lógica porque, como ha escrito el científico García Olmedo, con "la preocupación morbosa por los aspectos nutritivos y sanitarios del alimento, y el desmesurado culto a la nueva cocina que ha invadido nuestro país, se ha logrado algo que parecía imposible: eclipsar al fútbol en la cultura de masas".

El 'crudismo' forma parte de esa plaga y consiste en sesgar la dieta a favor de los alimentos sin cocinar, incluidos los productos lácteos no pasteurizados. Y si el 'crudismo' es un cuento, las dietas 'detox' atacan directamente al bolsillo y no sirven para desintoxicar nada.

Como se ve, la pseudomedicina sigue vivita y coleando, pero ahora no de la mano de curanderos medievales sino de "doctores en medicina" que sólo venden motos. A este propósito, J. M. Mulet, en un libro imprescindible (Medicina sin engaños, editorial Destino) ha escrito lo siguiente: "Si en una consulta alguien se anuncia como médico naturista o médico homeópata, a efectos prácticos ello tiene la misma validez que si pusiera médico fallero o médico violinista".

Y hoy no hablaré de esos padres, auténticos delincuentes, que se niegan a vacunar a sus hijos porque "las vacunas son malignas".