Permítame, señor Hughes, que ponga al día a la parroquia de las cosas que ha dicho usted, antes de decirle qué pienso de sus comentarios.

En EE UU está marchando viento en popa el movimiento March for Our Lives, con el que estudiantes de un instituto de Florida –donde un exalumno mató a tiros a 19 de sus compañeros– luchan por poner en marcha leyes que controlen la tenencia y compra de armas por parte de particulares.

A usted eso le parece mal. Es más, ha llamado "patéticos y desagradables" a esos chavales y los ha acusado de "insultar el recuerdo de los que fueron asesinados", porque para usted están montando revuelo para saltarse clases y para obtener "algunos 'me gusta' de Facebook y algo de atención de los medios". Pues bien, es una pena que no conozca usted a nuestro ilustre Fernando Fernán Gómez, porque querría usar una cita suya para responderle a esto. Pero intentaré desarrollar mis argumentos.

Esos estudiantes a los que usted desprecia son valientes. Son niños que se enfrentan al mayor grupo de presión, al más poderoso del planeta: a la industria armamentística. Usted estaba subido en el escenario de la sala Bataclan cuando aquellos yihadistas abrieron fuego y piensa que eso le da derecho a opinar sobre matanzas y sobre los sentimientos y conclusiones que deben o no sacar las demás víctimas. Esos estudiantes a quienes desprecia proclaman sus ideas demostrando coraje (no sé si más que usted, que salió corriendo del escenario durante el tiroteo).

Señor Hughes, usted defiende que todos deberíamos tener un arma mientras una sola persona tenga una. Supongo que para poder defendernos, que es lo que la gente como usted y los amantes de la paz de la Asociación Nacional del Rifle suelen alegar como argumento para que cualquiera pueda tener un arma de fuego. Claro. Es lógico. Ey, Rusia tiene armas nucleares. Y EE UU. Y Francia... ¿por qué no les damos misiles nucleares a todos los países? O tenemos todos o no tiene ninguno. ¿Sabe por qué no debería hacerse eso? Porque cuanta más gente tenga un arma, más posibilidades hay de que alguien quiera usarla.

Se atreve usted a denigrar a unos jóvenes que tienen más dignidad y ética de la que usted sería capaz siquiera de reconocer. Ellos no quieren 'me gusta' en Facebook, quieren a sus compañeros vivos. Quieren ir a clase sabiendo que volverán a casa sin llorar y con vida.