Por las mañanas, muy temprano, ocurre algo mágico

ISASAWEIS. ESCRITORA Y 'BLOGGER'
Castaños de indias secos y enfermos en el paseo del Ángel Caído del parque de El Retiro. Allí, los castaños se están sustituyendo por almeces.
Castaños de indias secos y enfermos en el paseo del Ángel Caído del parque de El Retiro. Allí, los castaños se están sustituyendo por almeces.
JORGE PARÍS

A veces salgo a pasear por las mañanas, muy temprano. Trabajo en casa, me levanto a las 6.45 h, desayuno, llevo a los niños al colegio y voy a hacer algo de deporte. Una ducha rápida y estoy de vuelta en casa para empezar la jornada de trabajo, que suele ser muy larga. La vida del autónomo que trabaja solo, solísimo, y que sabe a qué hora se sienta pero no a qué hora se levanta. Llevo más de 10 años así, complicado, ya os lo digo, pero esto lo cuento otro día.

Hoy, os decía, que a veces salgo a pasear por las mañanas. Algunos días no me cuadra bien ir al gimnasio en mi horario habitual o directamente me flaquean las ganas –para qué vamos a engañarnos–, pero otras veces, simplemente, a mi cabeza le apetece más aire libre con un poco de ejercicio que los focos y la música a tope, que te carga las pilas de una forma increíble, pero que no deja tiempo a la imaginación. Y esos días, más bien necesito paz, naturaleza y soledad para liberar la mente y deshacer algún enredo que me ronda la cabeza.

En esos días, vuelvo a casa, dejo el coche y bajo a dar un paseo por el parque. Camino sin rumbo, hago círculos grandes, cruzo un puente, vuelvo sobre mis pasos... No soy muy consciente del camino que hago porque realmente no tiene ninguna importancia, me dejo llevar mientras voy pensando en mis cosas. Pero, por muy temprano que sea, nunca estoy completamente sola en el parque. Siempre me cruzo con alguien, a primera hora del día, paseando...

Y es aquí cuando ocurre algo mágico: al pasar uno al lado del otro, nos saludamos, y lo hacemos como si nos conociéramos de algo. Incluso, algunas veces, nos paramos, comentamos alguna cosa y continuamos nuestro camino. Nunca nos hemos visto, pero a esas horas, cuando te cruzas con alguien, es como si te uniera algo a esa otra persona, como si os dijerais con el saludo "sí, estamos en las mismas circunstancias, yo también entiendo las tuyas". Una especie de complicidad compartida entre los transeúntes madrugadores del parque.

Digo que es algo mágico porque eso no ocurre fuera de ese momento. A lo largo del día te cruzas con decenas de desconocidos y no saludas a nadie. En cambio, a esas horas, todos lo hacemos. ¿Os habéis fijado? ¿Por qué creéis que ocurre?

Yo lo tengo claro. Conocí esa sensación hace algo más de tres años y fue cuando hice el Camino de Santiago del que ya tanto os he hablado; ese lugar mágico donde no hay vergüenzas, ni prejuicios, ni diferencias de ningún tipo entre personas, donde de verdad te importa lo que le ocurre al de al lado.

Me fui de allí creyendo que tendría que volver para sentirlo de nuevo, y resulta que ocurre en los parques, por las mañanas, en silencio, muy temprano...

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