No sé a ustedes, pero a mí el dato me ha llamado mucho la atención. Según el último informe de la OMS todos los años nacen más niños que niñas en todo el mundo. Sí, justo estos días en los que de nuevo les volvemos a machacar con esa noticia repetitiva de los bebés más madrugadores, los primeros en nacer en 2019, el bebé que salió con la última campanada, la OMS ha querido recordarnos que las estadísticas, en esto, no son paritarias. Llevan años detectándolo, casi desde que hay registros, en 1838, y si bucean un poco, hay infinidad de informes que confirman que efectivamente los embarazos de niños llegan con más probabilidad a término que los de niñas. Pero, entonces, ¿qué pasa después?

Según datos de 2017, en el mundo hay casi 7.400 millones de personas, de las cuales un 50,4% son hombres y un 49,6% son mujeres. Por tanto, la diferencia de nacimientos hay un momento en el que la naturaleza la equilibra. Según las estadísticas, nosotras vivimos más, tenemos menos accidentes, mejor esperanza de vida que ellos. En cada momento y en cada lugar, según la Universidad de Oxford, es mucho más probable que muera un hombre a que muera una mujer. Y al final, la balanza que la estadística de nacimientos inclinaba hacia ellos, en la vida adulta la salud, hábitos y demás factores acaban equilibrando e incluso invirtiendo. Las adultas mujeres casi siempre acaban superando en número al de adultos varones.

El informe que ha publicado la OMS ha recogido un estudio en el que han participado investigadores de varios países. Querían saber qué es lo que determina que el embarazo de un cromosoma Y (el del sexo masculino) acabe siendo más probable o más frecuente que el de un cromosoma X. En teoría ambos están presentes en un porcentaje muy parecido en el esperma. Al parecer es en el vientre donde está la explicación: la mortalidad fetal en niñas es mayor. La proporción aproximada es que por cada 105 nacimientos de un niño hay unos 100 de niñas. La cifra varía según qué países y según qué culturas. En India hay familias que en cuanto saben que su bebé es una niña interrumpen el embarazo. De hecho, calculan que faltan unos 50 millones de mujeres en el país. Ellas se convierten en una carga que no todos se pueden permitir: culturalmente es a la familia de la novia a la que le toca pagar la dote.

Pero la naturaleza efectivamente luego reajusta los desequilibrios. Y en la vida adulta esto cambia. Sin duda 2018 ha sido el año de la revolución femenina. Las movilizaciones del 8-M y del MeToo marcaron el final de un silencio que duraba demasiado. Y ya que, visto lo visto, parece que no lo tenemos fácil ni siquiera a la hora de nacer, logremos entre todos que 2019 y 2020 sea el de unir fuerzas, nosotras y vosotros, y avanzar. Juntos sumamos mucho más, eso nadie lo duda. Así que ¡vamos allá!