HELENA RESANO. PERIODISTA

Vive bien

HELENA RESANO
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Es la frase que le dijo Liu Xiabo (el nobel de la paz muerto la semana pasada en un hospital de Pekín) a su mujer justo antes de morir. Según los médicos que estaban en esa habitación esas fueron sus últimas palabras. "Vive bien". Es imposible confirmar por otras fuentes si, efectivamente, Liu Xiabo le envió ese mensaje a su mujer, si quiso que esa fuera su herencia emocional o si, simplemente, la frase la ha utilizado el régimen para lanzar su propio mensaje a navegantes: no te salgas de la legalidad, no desafíes a las leyes, vive tal y como marca el Gobierno. Puede ser, pero yo he preferido leer esa frase con otra mirada.

Si buceas en la vida de Liu, enseguida entiendes que su obsesión fue vivir sin traicionarse, vivir con dignidad: una vida honesta, fiel a sus sentimientos y fiel a sus ideales. Aunque eso le costara la libertad. En uno de sus alegatos más famosos y el que más se ha recordado estos días, Liu, preso y a punto de iniciar una huelga de hambre, le hablaba directamente a su mujer. Le hablaba con infinito amor: confesaba que haberla conocido era su mejor experiencia y que ni siquiera la cárcel apagaría ese amor. Ella, Liu Xia, no lo pudo escuchar, permanecía en arresto domiciliario: "Incluso si me aplastaran hasta convertirme en polvo, usaría mis cenizas para abrazarte". "Tu amor me mantiene en paz".

Supongo que no hay mejor forma de querer que dar paz a quien amas: transmitir esa sensación de que con él o con ella la vida no es sinónimo de sobresaltos, que pase lo que pase, el refugio existe porque hay amor.

Así que esa última frase de Liu a su mujer, en su cama del hospital, sabiendo que la vida se le escapa definitivamente y demasiado pronto, me ha hecho reflexionar. "Vive bien". Vive. No dejes de vivir. Pase lo que pase. No pierdas el tiempo en lamentarte, en quejarte, no pierdas el tiempo en odiar. Sobre esto también escribió mucho el premio nobel de la paz. Hablaba de enemigos políticos, eso de lo que a él le tacharon simplemente por disentir, por pensar diferente. Y por lo que luchó hasta el final. Él rechazaba el odio: decía que puede erosionar la persona y a su conciencia. Quien odia se lastima primero a sí mismo. Se destruye.

Y en esta época en la que la política siempre se divide en bandos, me quedo con la reflexión de un hombre que luchó por vencer y derribar las trincheras porque sin ellas el diálogo es más sencillo. Decía Liu que la mentalidad de enemigos envenena, destruye y obstaculiza la libertad y la democracia. Releer estos días su legado intelectual es todo un bálsamo. Y ahora que llega tiempo de descansar y reflexionar practicaré también su último consejo, ese que dio con infinito amor: "Vive bien".

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