El monstruo de la invisibilización de la mujer luce kilos en esos seminarios con varios 'don Eminencia' y ninguna 'doña Eminencia'.

Recurrir por inercia al erudito célebre, que suele ser varón, impide a las eruditas –las hay: posee título universitario un 29,5% de la población adulta femenina, y solo un 21,5% de la masculina– entrar en el sistema, nos empobrece a todos y engorda al engendro.

Bravo por estos académicos que han colgado el cartel de «No den de comer al monstruo».

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