Un fallo 'colgado de la farola'

CARMEN REMÍREZ DE GANUZA. PERIODISTA
El juez Manuel Marchena llegando al Tribunal Supremo.
El juez Manuel Marchena llegando al Tribunal Supremo.
Víctor J. Blanco / GTRES

El accidente del paracaidista en el desfile de la Fiesta Nacional, colgado de una farola cuando le quedaban unos metros para aterrizar en el centro de la Castellana, ha sido la metáfora de un juicio cuasi perfecto, de una sentencia histórica y seguramente inapelable, de un fallo solemne que, en el último momento y a la vista de todos, ha encallado… en una filtración. En la recepción del 12 de octubre en el Palacio Real daban ganas de abrazar al juez Marchena, de consolar al héroe del Estado ante el procés, como minutos antes había hecho el rey, y en particular, la reina, al desconsolado cabo primero Luis Fernando Pozo.

Claro que Marchena no dejaba ver a nadie su desconsuelo y solo tiraba balones fuera. Él sabe que su farola no estaba ahí cuando inició su propio descenso; sabe que alguien la puso —tal vez sepa quién— cuando quedaban horas para cumplir con un trabajo personal y colectivo impoluto; que la imprudencia, la vanidad y, aún más, el interés, son capaces de imponerse sobre la escrupulosa ceremonia del Derecho. También en la más delicada de las ceremonias. Y conste que no hablo de la prensa, a la que aplaudo.

Es de esperar que el síndrome del paracaidista caiga en el olvido ante la magnitud de la hazaña, ante la envergadura de una sentencia de 500 folios, escrita con el rigor técnico de los más altos penalistas de la magistratura española. O puede que solo sea el preludio de una posible instrumentalización política. Porque ciertamente, si como todo apunta, se confirman las condenas por sedición, ni las penas más altas borrarán la decepción de los políticos y los medios que vieron rebelión, como nadie logrará borrar de su cara la sonrisa de Pedro Sánchez.

Claro que el cierre de filas de los partidos constitucionalistas está asegurado; más aún si la respuesta del independentismo fuera agresiva —que no lo parece—. Y eso es a fin de cuentas lo que importa. Que la sentencia se notifique y se ejecute, que el Estado defienda a sus instituciones y, más aún, las celebre. Que también para ello está la Fiesta Nacional.

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