Tiene 25 años, es de Barcelona y lo está petando enormemente. Rosalía es, sin ninguna duda, la artista con mejor proyección ahora mismo en nuestro país. Tiene talento, un equipo trabajando a destajo por y para ella, una voz especial, unas canciones que son temazos y una discográfica respaldándola que lo está dando todo, todo y todo.

Aunque ahora mismo el nombre de Rosalía suene en todos los corrillos por la 'absurda' polémica de la apropiación cultural, estoy convencido de que en breve callará las bocas de muchos de los que la han criticado por fusionar culturas. Ocurrirá la semana que viene, cuando publique El mal querer, su segundo disco.

Rosalía me gusta, me encanta y a la vez me inquieta. Ver sus videoclips es un delirio. Ver en sus stories de Instagram cómo desvela la portada de su álbum en Times Square, una sorpresa. Ver su actuación en la televisión pública británica presentando por primera vez su Malamente al mundo más allá de nuestras fronteras es un orgullo. Ver cómo se codea con Tim Cook, el director ejecutivo de Apple, para el último lanzamiento del imperio de la manzana mordida... un flipe. Y es que Rosalía es más que escuchar, también es ver.

Está claro que detrás de Rosalía hay mucho marketing, pero marketing del bueno. Hay muchas cabezas pensantes midiendo al milímetro cada paso que da la artista. Analizando los pros y los contras de cada una de sus apariciones, de cada uno de sus movimientos. Pero, a diferencia de lo que ocurre en muchas ocasiones, detrás de Rosalía también hay mucho talento.

Puede que algunos sigan empeñándose en criticarla, que otros simplemente escuchen su música en las discotecas y den palmas al ritmo de su "tra, tra", pero yo, feliz de ver cómo nuestro sonido más innovador y más racial se fusionan, prometo dejar que su música se apropie de mis sentidos. Estoy deseando escuchar el disco. Deseando que la vuelvan a nominar en los Latin Grammy y que hasta gane uno. Y hablando de otras cosas... ¿os imagináis a Rosalía ganando Eurovisión?