¿Cuántas veces has visto a un artista decir en un plató de televisión o en sus redes sociales que es número 1 en iTunes? Es ridículo.

Ahora que, a cambio de tragarnos unos cuantos anuncios, todos podemos escuchar música gratis gracias a Spotify, o que con servicios como el genial Apple Music podemos disponer en nuestros dispositivos móviles de todo el catálogo de iTunes por menos de 10 euros al mes, resulta casi absurdo que la gente pague por canciones sueltas y, por lo tanto, también lo es promocionar a un artista diciendo que es número 1 en las listas de ventas, porque... ya no se compra música.

No es que la música ahora se regale (aunque siempre existirán las descargas ilegales), lo que quiero decir es que muchos, la mayoría de los que consumimos música, lo hacemos a través de plataformas de streaming o en Youtube. Escuchas que, desde hace un tiempo, también computan en las listas oficiales semanales que elabora Promusicae.

Ser número 1 en iTunes durante unas horas podría suponer que tan solo diez personas se hubiesen comprado tu canción, y en las listas oficiales, en las que además de las ventas se suman las reproducciones en streaming, tampoco varía mucho la cosa: por ejemplo, Cepeda, que recientemente publicaba su primer single, llegó al primer puesto de la lista con tan solo 4.058 copias vendidas. En el número 2 estaba Pablo Alborán con 367 copias vendidas de su single La llave.

En España lo de sacar un disco de su caja y ponerlo en la minicadena ha quedado solo para los románticos. Hoy la música se consume de manera digital, y ser número 1 en ventas es equiparable a tener diez amigos que se hayan comprado tu canción.