Presente, pasado y futuro

DAVID DE LA PEÑA
Santiago Solari.
Santiago Solari.
EFE

Presente

"La idea es jugar con dos cojones". La declaración de intenciones de Santiago Solari no era, como presuponíamos algunos entre los que me incluyo, un mensaje claro y directo para revertir a corto plazo una dinámica negativa. Lo que dijo ante los medios antes de su primer partido como entrenador del Real Madrid fue la doctrina que acabó trasladando a su plantilla, que ha terminado enseñando una intensidad mal entendida.

Frente a Barcelona y Ajax, en la semana en la que la temporada blanca se fue por el retrete, ha habido un denominador común: el cerebro se quedó en un cajón. Cada acción blanca con y sin balón se edificaba sobre la precipitación, lo que dio lugar a un equipo inconexo y caótico. Primero atacando, dándose lugar pérdidas de balón con todas las piezas muy separadas, y segundo, defendiendo, donde los futbolistas blancos efectivamente pusieron "cojones", con carreras largas e intentos de robo que demandaban milagros y cuyo resultado eran sin embargo latifundios que los Dembélé, Suárez, Tadic, Ziyech o Neres castigaron sin piedad.

En este proceso se ha aplaudido la "mano dura" del argentino para castigar a los "poco profesionales" Isco Alarcón o Marcelo Vieira, que estaban jugando igual de mal que otros pesos pesados que sí eran siempre de la partida, caso evidente de Toni Kroos. El alemán, uno de los focos más directos de las críticas, representa el principal problema de la era Solari. Sin pizarra que explicase qué hacer con el balón, jugadores de talla mundial como Kroos, Marcelo o Isco no sólo quedan en nada, sino que además proyectan una imagen de mal profesional. Un sistema de juego que demandó mucho esfuerzo –la mala gestión de la pelota hacía correr más y mal- y ejecución de acciones sencillas, donde piezas de gran valor como fondo de armario pero exiguas para el rol de titular como Lucas Vázquez o Sergio Reguilón disfrazaron la realidad.

Pasado

Muchos tenían tan claro qué hacer tras la salida de Cristiano Ronaldo que ahora parece absurdo hacer un ejercicio de comprensión, pero la postura del club contaba con sólidos argumentos. El luso salió de una plantilla en la que Gareth Bale, Marco Asensio e Isco Alarcón no gozaban de una condición de titular indiscutible, y la realidad del mercado hacía imposible la incorporación de una de las piezas –Neymar o Mbappé- que de verdad hubiera llenado el vacío dejado por el portugués. Puede que sin Cristiano el Real Madrid estuviera condenado a no ganar nada, pero difícilmente esta plantilla tuviera como destino finalizar su temporada en marzo tras recibir un 1-4 en el Santiago Bernabéu del imberbe Ajax.

Llegados a este punto es momento de abrir un paréntesis, ya que tan cierto es que la enorme calidad del jugador que compone la plantilla blanca no ha estado bien potenciado por el plan de Solari, como que a nivel individual sí hay un futbolista que camina entre el limbo de lo poco que le ofreció su entrenador y la nula respuesta otorgada por su parte a nivel individual. El juego de Gareth Bale es muy diferente al de Cristiano Ronaldo, pero el galés es el único futbolista merengue con recursos para superar los treinta goles en una temporada, cifra lejanísima con la sensación en la mochila de ser consecuencia seis de uno y media docena de otro.

Que un nueve goleador que pudiera resultar un fichaje realista en la época del fútbol-petróleo como por ejemplo Mauro Icardi era la solución a todos los males parece una lectura bastante básica. Sin ir más lejos, el día de la gran debacle contra el Ajax cuesta recordar situaciones limpias de disparo que el Real Madrid produjera para un delantero centro, mientras que el argumento más manido para explicar las derrotas frente al Barcelona fue la falta de remate. Sin embargo, esas situaciones eran generadas por la tremenda explosividad y energía individual del impreciso Vinícius Junior, no porque el colectivo llevase la pelota a zonas de disparo cómodas. El problema no fue la ausencia del goleador, sino la ausencia de ocasiones de calidad, provocado por el simple hecho de jugar mal.

Futuro

La sensación en el entorno del Real Madrid es de portazo a todo: "Sobran 15 jugadores", se escucha en las tertulias. Indiscutiblemente el equipo blanco, después de la decepción Bale –no menciono a Karim Benzema porque creo que sus 20 goles y el juego desplegado ante las dificultades colectivas le dan como mínimo el aprobado en el año post CR-, tiene que abrir alternativas hacia el gol este verano, pero de forma coherente y recuperando a los activos que le han ayudado a marcar la diferencia en la Copa de Europa en el último lustro, caso evidente de Marcelo, Isco o Kroos.

Para ello la casa blanca deberá atinar con el entrenador, cuestión que resulta más compleja de lo que parece. No da la sensación de que el tipo de plantilla actual encaje con algunos argumentos básicos de la filosofía de Jose Mourinho, aunque obviamente su carisma y capacidad de análisis serían el día en comparación a la noche actual. Pochettino –más cercano al actual futbolista blanco- o Jürgen Klopp –que suele elegir jugadores en la última línea "más Vinícius que Isco"- obligarían a un desembolso en el que el club debe dar un paso adelante sin tener claro el éxito de su decisión.

Ahí es donde el Real Madrid tiene que disparar en el centro de la diana, porque la mayor responsabilidad de la cúspide de la pirámide está en acertar con quien sea capaz de dar espacio al talento. El modelo Zidane fue más allá del de un "alineador"; el francés diseñó una salida de balón en la que Kroos fue el mejor organizador del mundo, Marcelo tuvo un sitio en la frontal del área para decidir arriba sin que la Copa de Europa castigase detrás, e Isco Alarcón encontró hueco en el once y en el pizarra tanto en Kiev como en Cardiff para dirigir la orquesta. Mal haría el Real Madrid si se olvida de eso y vuelve a guardar el cerebro en el cajón para poner otra vez "los cojones" encima de la mesa.

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