El apretado ciclo electoral de esta primavera me hace recordar la cita de Otto von Bismarck: "El político piensa en las próximas elecciones; el estadista, en las próximas generaciones". Quien tiene responsabilidades políticas se somete al examen de las urnas cada cuatro años y rara vez mira más allá de una gestión que exceda de ese plazo.

Se suele decir que durante el primer año se planifica, durante el segundo y el tercero se ejecuta y en el último se cortan las cintas en vísperas de la campaña electoral. Y sin embargo, las decisiones más importantes que adopten como gobernante no se verán en el corto plazo, no le garantizarán elogios ni votos, pero contribuirán a responder a los grandes desafíos que afronte su país.

Recientemente esas "próximas generaciones" se han movilizado buscando estadistas. El movimiento de jóvenes encabezado a sus quince años por la activista Greta Thunberg ha puesto el cambio climático en la agenda mediática en todo el mundo, pasando de las huelgas escolares de los viernes en Suecia a la convocatoria global del pasado 15 de marzo. Un mundo extraño este, en el que adolescentes se ven obligados a movilizarse contra la destrucción de este planeta, es decir, de su futuro.

Urge que haya estadistas que recojan el guante y que adopten medidas reales para hacer frente al cambio climático, aunque no vayan destinadas a los votantes de hoy, sino a los de mañana. Pero si queremos políticos que piensen como estadistas, habrá que pedirle al electorado que, a la hora de escoger papeleta, exija a sus candidatos que tomen medidas sin más demora para que, dentro de 20, 30 o 50 años, podamos dejar a nuestros hijos e hijas, nietos y nietas un planeta habitable.