¿Estamos tan mal?

CHARO RUEDA. PERIODISTA
Charo Rueda, periodista.
Charo Rueda, periodista.
CHARO RUEDA

Que la profesión de periodista está hecha unos zorros, a pesar de lo que piensan algunos optimistas, no es una novedad, últimamente se ha escrito mucho sobre ello. Pero que unos estudiantes de último año, futuros periodistas, chicos jóvenes y se supone que ilusionados, manifiesten tan profundo pesimismo sobre su futuro en la prensa es muy descorazonador y alarmante.

Hace unos días unos estudiantes de último curso de la Complutense me llamaron para hacerme una entrevista sobre mi experiencia porque tenían que incluirla en un trabajo. Me entrevistaron, pero yo también a ellos. Y por lo que traslucían sus respuestas, estos chicos no tienen ninguna confianza en que algún día puedan vivir dignamente con este oficio. No ya por lo que decían acerca de los estudios: que no sirven para mucho, que no les enseñan ni a coger una alcachofa (micrófono), que no están bien orientados… nada que no hayamos pensado todos cuando estábamos en la facultad, sino porque habían leído el Informe anual de la profesión periodística 2017, que edita cada año la Asociación de la Prensa de Madrid, y no encontraban en él ningún atisbo de esperanza.

Es verdad que el informe no da lugar a muchas alegrías. El nuestro es un sector en el que cada vez hay más autónomos y no por elección propia (pasados los peores años de despidos, los que fueron despedidos se han reinventado como autónomos), en el que las mujeres continúan discriminadas y en peor situación que los hombres o en el que un 79 % de los contratados afirman que sufren presiones en múltiples ocasiones. Es lo que viene a decir, de forma muy resumida.

Con este panorama, esperanza en el oficio, la justa. La crisis que comenzó hace nueve años ha provocado tantos estragos que es difícil que alguien vea una salida, ni siquiera los que vienen detrás, se supone que pegando fuerte; pero no me iba a poner en su tesitura para que termináramos todos llorando por haber elegido ser periodistas. Así que tiré de la fuerza de los optimistas para animarlos, porque son ellos los primeros que se tienen que poner las pilas para intentar cambiar la deriva y porque puede que no todo esté perdido. Debe de tener algo de razón –les dije– un jefe que he tenido en varios medios en los que he trabajado, cuando decía en un artículo que, a pesar de todo, "afloran algunas buenas noticias: viejos medios que renacen de sus cenizas con su transformación digital. Nuevos medios que ensayan con éxito nuevos modelos de negocio. La recuperación de nuestra función social. Un creciente sentido ético en el desempeño del oficio. Nuevos empleos cualificados gracias a la tecnología...".

Cuando al final de nuestra conversación los chicos me preguntaron qué era para mí lo mejor de mi experiencia, les contesté que los primeros 20 años. Y si me hacéis caso, podéis hacer mucho en todo ese tiempo. Lo peor no se lo conté, no quería echar más leña al fuego.

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