Un psicópata al que pudimos ver con espanto maltratar a un zorro hasta la muerte, en un vídeo que se difundió ampliamente por las redes sociales, se ha ido de rositas y no pagará penalmente su bárbara acción: la jueza y el fiscal no consideran debidamente justificado que haya cometido un delito de maltrato animal, porque el zorro no es un animal doméstico ni los hechos grabados pueden ser calificados de espectáculo.

Sí, el sobreseimiento de la causa por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Huesca responde a lo que dice el artículo 337 del Código Penal, que castiga el maltrato a animales domésticos o equivalentes o, de no serlo, aquel que se perpetre en un contexto de espectáculo.

Esa es la literalidad, pero ¿los jueces no tienen autonomía para ir más allá de esa literalidad de la ley y cubrir así sus lagunas? Así se ha demostrado en muchas otras sentencias que han servido para ir cambiando leyes insuficientes y para que la sociedad fuera avanzando y dejando atrás costumbres y comportamientos ancestrales que vistos hoy dicen muy poco de nosotros como humanidad.

Considerar que un animal por el hecho de ser salvaje no siente ni padece y que podemos infligirle daño porque sí es cavernícola, y una mentalidad moderna, humanista pasa por entender que todos los animales son seres vivos y merecen un trato digno. Estoy segura de que si se hiciera una encuesta, la mayoría de la gente opinaría que lo que ha hecho este cafre es una salvajada que merece ser castigada con pena de cárcel.

De hecho, no hay más que leer la inmensa mayoría de opiniones que generó este vídeo o las que han provocado otros casos similares, como el del jabalí al que despeñaron unos senderistas en Asturias, para comprobar que el maltrato animal genera hoy un amplísimo rechazo social.

La sentencia es cavernícola y la mentalidad de su autora, también. Aunque me temo que mientras no se cambien las leyes, seguiremos con estas contradicciones.

Juan López de Uralde, diputado de Equo, recordaba el otro día en un artículo que hace un año registró en el Congreso una proposición de ley para modificar el Código Penal e incluir la responsabilidad penal por maltrato a animales salvajes. Se pedía elevar las penas por todo maltrato animal hasta los dos años y medio de prisión. Hoy se sitúan entre los tres meses y el año de prisión.

De momento, la propuesta ha caído en saco roto porque hay muchos intereses que se entrecruzan. También de momento, el castigo a los actos de impresentables como este que ha matado al zorro a golpes se van a quedar solo en una falta administrativa. En nuestra mano está movilizarnos para remediarlo y exigir a los legisladores la humanidad que requieren los tiempos.