La ciudad de los niños

CÉSAR JAVIER-PALACIOS. PERIODISTAOPINIÓN
Tráfico en Madrid.
Tráfico en Madrid.
EFE

Las ciudades son machistas (odian a las mujeres), paidófobas (odian a los niños) y gerontófobas (odian a los ancianos). Están diseñadas para hombres jóvenes que van siempre con prisa y se mueven a todas partes en coche. En realidad, las ciudades no se han hecho para ellos; se han diseñado para sus automóviles y motos de gran cilindrada. El peatón es una molestia que les obliga a parar de vez en cuando (de vez en cuando) en pasos de cebra. Somos tú y yo, y el niño, y el abuelo, descendiendo con miedo de la seguridad de la acera para cruzar rápido la calzada y subir a la siguiente acera salvadora. Pero de allí a casa. ¿Cuánto tiempo hace que no ves a niños jugando solos en la calle? Solos, sin padres helicópteros vigilando, y hasta televigilando por GPS, cada uno de sus movimientos. Mejor que se queden en su habitación jugando con el teléfono móvil. ¿Mejor? ¿Estás seguro?

Francesco Tonucci es un famoso pedagogo italiano con una obsesión: devolver la ciudad a los niños. Porque si una ciudad se diseña pensando en ellos, será más amable para todos, sea cual sea nuestra edad o sexo. Gracias a él, en localidades como Pontevedra o Corralejo (Fuerteventura) hay caminos escolares participativos, rutas peatonales que permiten a niños y niñas a partir de seis años ir caminando solos a la escuela. Los comerciantes colaboran poniendo pegatinas en sus establecimientos que garantizan ayuda a los pequeños en caso de algún percance o despiste. ¿Peligroso? En las ciudades italianas donde este sistema se ha desarrollado los atropellos de niños casi han desaparecido. Los chavales mejoran en autonomía, madurez y toma de decisiones. Y los padres están dejando de hacer de taxistas a tiempo completo.

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