Sánchez comenzó su discurso saliendo al paso de una posibilidad cierta aunque ayer mil veces desmentida, la de que Rajoy dimitiera de tener la certeza que pierde la moción de censura. "Dimita y todo terminara" le espetó solemne mientras el presidente mascaba chuches.

El aspirante ha tratado de convencer a los distintos grupo mostrándose dialogante pero sobre todo al PNV asegurando el mantenimiento de los presupuestos por "responsabilidad de Estado". Fue la parte mollar de un discurso pretendidamente institucional reclamando la dignidad de la cámara frente a un partido corrupto.

Pasó de puntillas por el asunto catalán lo que facilitó la replica del presidente Rajoy que puso el acento en la supuesta perspectiva de un "gobierno Frankestein.

Sánchez fue de menos a mas, al contrario que su escudero Jose Luis Abalos que empezó demoledor leyendo los tramos duros de la sentencia y luego no acertó a responder a los envites de un Rajoy en extremo rocoso. Unos y otros dando lo mejor de si mismos no tanto para convencer a la galería como al PNV.

Cinco escaños, 286.000 votos, de los 25 millones que votaron en las elecciones de 2016, poco más del 1% con España en sus manos.