20 MINUTOS es el nombre que le dieron los editores primigenios a la cabecera de esta  publicación en la que escribo por entender que era el tiempo medio que la gente podía dedicarle a leer sus páginas. Hoy sus contenidos merecerían algo más de detenimiento pero el tiempo no es dúctil ni maleable y cada minuto se empeña tozudamente en no contener más de 60 segundos.

Los 20 minutos son un espacio referencial para muchas pautas de comportamiento en nuestras vidas. 20 minutos es lo que se viene a emplear en la puesta a punto de cada mañana. Es decir el aseo cotidiano con ducha, afeitado o pintada del ojo, según sexo y condición, y vestirse para salir a la calle. Unos 20 minutos es el tiempo máximo que debe dedicársele a desayunar y el mínimo que deberíamos emplear en el almuerzo. 20 minutos diarios, como poco, tendríamos que practicar ejercicio físico, para activar el corazón y desentumecer los músculos y no vendría mal que invirtiéramos otros 20 en meditar.

Sería óptimo además que empleáramos ese espacio de tiempo al sexo aunque cubrir los 20 minutos en cada actividad amorosa es asunto muy personal que depende no solo de la pasión sino también de la destreza amatoria de los implicados.

20 minutos es el tiempo máximo que debiéramos invertir en cada uno de nuestros desplazamientosY 20 minutos es el tiempo máximo que debiéramos invertir en cada uno de nuestros desplazamientos, y cuantos segundos superen ese registro irán en detrimento de la calidad de vida. Esta es al menos la conclusión a la que han llegado los sesudos  especialistas que diseñaron el llamado "Plan Melbourne 2017-2050", allí en nuestras antípodas. El objetivo de sus autores es crear una ciudad ideal para vivir, y entienden que para ello hay que voltear como un calcetín algunos conceptos urbanísticos que ahora rigen en la grandes ciudades del planeta, incluidas las nuestras.

La idea es acabar con el modelo de expansión que obliga a los ciudadanos a gastar su tiempo en largos desplazamientos para acceder a los distintos servicios. Dicho de otra manera, lo que se propone es dotar a los barrios de centros comerciales y servicios sanitarios, culturales o de ocio, de forma y manera que el acceso a los mismos pueda realizarse caminando en menos de 20 minutos. Lo ideal sería también que estuviera igualmente accesible el puesto de trabajo pero se entiende que eso no siempre es fácil. Por mucho que avance lo de trabajar desde casa, los desplazamientos por motivos laborales es complicado ajustarlos al nivel de excelencia que persigue este modo de vida.

En nuestro país se cuentan por millones los trabajadores que invierten más de una hora en acceder a su trabajo y son muchos también los que han de tirar de coche para ir al cine, al médico o llevar los críos al cole. Hace tiempo que aprendimos que en las ciudades las distancias se miden en minutos y no en kilómetros. Y para no pasar de los 20 minutos, falta aquí mucho por hacer.