Eugenio estaba convencido de que iba a revolucionar la industria con su película Hace unos meses escribí el guión de una película porno. No fue una iniciativa propia; me lo encargó su director y productor, al que llamaré Eugenio. Leyó en mi Twitter que me ofrezco para escribir lo que haga falta, así que me contactó para ver si me interesaba participar en su debut en el cine para adultos. Eugenio estaba convencido de que iba a revolucionar la industria con su película al contar con un guión profesional. Intenté explicarle que en la era de Internet las escenas sueltas con un guión que consiste en “¡Hola! ¿Nos lo montamos?” habían ganado la batalla, pero al final fue él quien me convenció. Me lo pagaría bien, probablemente sería el guión más corto de mi historia (en el porno hay más acciones que diálogos), y podría utilizar un pseudónimo para firmarlo y así evitarme la vergüenza. Además, no tendría que romperme mucho la cabeza porque Eugenio ya tenía claro el argumento: una especie de 8 apellidos vascos porno, con diferencias para no meterse en líos de derechos y ampliando la coña con personajes de Cataluña, Galicia, Canarias, Asturias, Extremadura… Eugenio no quería que faltara ni un solo tópico sexual autonómico. Cuando me pasaron el recibo de autónomos, llamé a Eugenio para decirle que sí.

Después de pasar unos días documentándome sobre el cine porno (vale, esa parte me la podía haber saltado), me puse a trabajar con el director para llevar al papel sus ideas: que si los vascos los tienen gordos pero de lo poco que mojan, que en Andalucía mejor el sexo oral que cansa menos, que en Cataluña a pelo para ahorrar, que en Murcia no se les entiende cuando gimen… Un par de semanas después, el guión ya estaba escrito y la factura enviada. Había sido el trabajo más rápido y fácil de mi vida. Hasta que Eugenio me llamó el primer día del rodaje...

Para darle más credibilidad a la película, Eugenio había elegido actores y actrices que compartieran lugar de nacimiento con los personajes a las que interpretaban. Cuando llegué al plató, descubrí que ninguno estaba muy contento con el guión. La pareja protagonista estaba formada por una catalana y un madrileño, dos actores casados en la vida real que no querían pasarse la película soltándose pullas. Él estudiaba catalán y ella votaba a Ciudadanos y no se sabía la letra de Els Segadors, el himno que su personaje cantaba cada vez que estaba metida en faena. El que interpretaba al jardinero, un chico andaluz, insistía en que rodaran de una vez, que por la tarde tenía otro rodaje y al día siguiente otro más. También tenía prisa la chica de Murcia, que compaginaba el porno con su trabajo como actriz de doblaje, y el gallego, que decía que él no estaba para ahora sí, ahora no.

Quedó como una porno más, pero con la peculiaridad que cada orgasmo tenía acentoEugenio sólo tenía el plató alquilado un par de días, así que me senté con el equipo a ver qué podíamos hacer para que todos estuvieran más conformes con sus papeles. Se montó una especie de debate sobre el estado de la nación, pero en ropa interior en lugar de con trajes de chaqueta. Querían que no salieran los chistes que enfatizaban los tópicos porque decían que ya estaban más vistos que el tebeo y que la mayoría eran, eso, tópicos que no siempre se cumplían (para muestra, ellos). Insistieron en que si rodaban lo que había acabarían de mal rollo y la química brillaría por su ausencia, y ya se sabe que esa es la clave en estas películas. El director terminó por asumir que no había tiempo para buscar remplazos más de su cuerda, así que le dimos una vuelta al guión, sacamos todo lo que ahora no encajaba y pasó de treinta páginas a unas seis. En la nueva versión, casi todas las secuencias empezaban con un “¡Hola! ¿Nos lo montamos?”.

Total, que la película quedó como una porno más, pero con la peculiaridad de que cada orgasmo tenía un acento diferente. Eugenio no está muy satisfecho con el resultado, así que ha descartado sacarla a la luz, aunque dice que ya tiene ideas para un nuevo intento con el que revolucionar la industria del cine porno. Es que es de Teruel y está empeñado en demostrarle al mundo que existe.